viernes, julio 16, 2010

BUKOWSKI Y LA DOCENCIA EN SECUNDARIA




Siempre he oído oír de Bukowsky, pero nunca lo había leído. Ahora que ya llevo unos cuantos puedo asegurar que es probablemente uno de los autores más divertidos que me he encontrado. Sin embargo... sin embargo nadie me habló de él en el instituto. Los profesores siguen enseñando poemas de Garcilaso y losas como El Lazarillo de Tormes, que nada tienen que ver con la realidad de un adolescente del siglo XXI. No digo que sean malos, digo que si el objetivo de las asignaturas de literatura en el instituto es fomentar la lectura, crear el embrión de un futuro lector, entonces están siguiendo el camino exactamente contrario. Y a las pruebas me remito, creo que no es ningún secreto para nadie que el analfabetismo está creciendo preocupantemente en España. Es ya muy difícil encontrar a un universitario que escriba sin faltas de ortografía o que sepa aprehender un texto.

Un adolescente quiere sexo y violencia: de modo que démosle sexo y violencia si queremos que siga leyendo. Alguien podrá pensar que esto es una locura, y que tendría el mismo efecto que la televisión. Pero mi teoría es muy sencilla: si la vía por la que le damos sexo y violencia es el libro, el monstruo que hemos creado será un monstruo inteligente, y no un monstruo estúpido que es el que generan las televisiones. Y no es lo mismo. Es sabido que más peligroso que un malvado es un estúpido. El monstruo de los libros sabrá distinguir sus lecturas de la realidad, ya que habremos desarrollado en él su capacidad de razonar e imaginar. Una vez habituado a la lectura, tarde o temprano irá dejando de lado esos textos y comenzando a interesarse por cosas de más enjundia.

Aquí hablo de Bukowski, pero hay otros muchos autores que serían infinitamente mejores que seguir con el sistema actual de obligar al alumno a memorizar las obras de Manuel Machado. Es un acto de crueldad infinita que una persona sepa esas cosas y en cambio jamás haya oído hablar de un tal Benedetti; o de un tal Borges; o del mejor cuento de amor de la historia, "La invención de Morel" de Bioy Casares. Hay un autor español, vivo, que encaja a la perfección con el lector juvenil, se llama Ray Loriga, y espero que algún profesor perdido de secundaria se digne en leerlo y recomendarlo si fuera menester.


No se trata pues de evitar la creación de monstruos: los monstruos son inevitables. Se trata de cultivar sus neuronas para que sea él quien elija su sino.

Ahora bien, si de lo que se trata no es de fabricar lectores potenciales... si de lo que se trata es de saberse las respuestas de las preguntas del Trivial... entonces adelante, sigan por la diáfana senda por donde han ido los muchos lerdos que en el mundo han sido, sigan llenando a este país y a este mundo de títeres acéfalos.


Aquí os dejo esta divertidísima joya de Bukowski:

A LA PUTA QUE SE LLEVÓ MIS POEMAS
" Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡POR DIOS!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!

¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos
en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,
pero no mis poemas.

No soy Shakespeare
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía. "

viernes, julio 09, 2010

MI PRIMERA VEZ... LEYENDO EL MARCA


Ayer bajé a tomar café y como no tenían un periódico normal, no tuve más remedio que coger el Marca. Enfoqué la situación con la actitud de un entomólogo que tiene en sus manos un nuevo ejemplar de artrópodo en Tasmania, o como un juador de futbol que se encuentra uno de los libros perdidos de Tácito en los aseos de una discoteca. Empecé a leerlo por detrás, como hago con todos los periódicos, y me encontré una sorpresa. Había una noticia sobre rejoneo y toros. Como no me gusta el fútbol, me puse a leer esta crónica porque sí (razonamiento indebatible que uso muy a menudo). Me encontré con que la literatura con que estaba redactada era sencillamente exquisita. Un montón de palabras cargadas de musicalidad, muchas metáforas y un claro tino en las significaciones. Infinitamente superior a las crónicas de cualquier otro "deporte".

PD: Mi opinión sobre los toros me la reservo para otro día.

EL Necropolita - XXVI


XXVI



Efrén volvió a subir al vehículo e inmediatamente enfiló a toda velocidad la cuyo nombre premonizaba el final de su gesta: Victoria Kent.
La gente de las aceras se abalanzaba sobre la furgoneta para, según Efrén, alcanzar más rápidamente el cielo que su mesías les traía tan amablemente. Sin excepciones de raza, sexo, religión o edad, todos eran salvados con embestidas del metálico corcel que Efrén cabalgaba. Sabía muy bien que los gritos de los niños eran una muestra de que habían alcanzado el estado de máxima excitación mística, propia de los estados próximos a la DIVINIDAD. Efrén estaba emocionándose y enormes lágrimas brotaban de sus cansados ojos de dilatadas pupilas. ¡Era tan bella su labor! Pero sabía que aquél que le encomendó el mandato no podía abandonarle en aquellos instantes apocalípticos en los que por fin culminaba su grandiosa hazaña, Tarde o temprano la mano del hacedor se manifestaría físicamente.
Estaba llegando a las proximidades del C.P. Baix Vinalopó. Eran los primeros días del curso y muchos colegiales se agolpaban a la salida del centro, esperando, probablemente, que Efrén se apiadase de ellos — ¡¡Dejad que los niños se acerquen a mí!! — gritaba Efrén citando al que había sido su ejemplo en su nueva vida de total entrega a los demás.
Traqueteando por las escaleras de bajada, la furgoneta atrajo los cuerpos de los niños. Sus brazos abiertos eran sin duda la expresión de la alegría con que recibían su martirizante bautismo de dolor. «¡Mmmmm!» cierto placer fetichista aparecía en la entrepierna de Efrén al oir el CRUNCH, CRASH, BLUMP con que sus víctimas le obsequiaban. Era una sublime sinfonía la que se arremolinaba bajo las ruedas de la furgoneta.

Seguro que fue voluntad divina que el puente de Altamira estuviese casi totalmente vacío, puesto que al girar Efrén hacia él, avistó en la lejanía el diligente ejército de ángeles inmaculados que esperaban para conducirle con menor dificultad hasta el lugar de la batalla final.
Sonaban las celestiales campanas de Sta. María. Efrén pensó «Dios ha elegido expresamente este Día». Los bellísimos cantos de la representación extraordinaria de El Misteri seguían el compás de las mareas mentales de Efrén.
Recorrió a toda velocidad la plaza del Congreso Eucarístico y una gran cantidad de ángeles blancos se unieron a su montura y alargando robustos brazos, casi metálicos, ensartaban los numerosos cuerpos de infelices infectos que allí se congregaban.
Efrén tuvo que dar varias pasadas para asegurarse de que el trabajo quedaba bien hecho, aunque sabía que aún no había llegado al foco definitivo de infección y no debía demorarse.

Por el carrer ample llegó enseguida a la acogedora Glorieta, donde un pequeño tic le recordó cierta clase de gente que poblaba estos lares, aquellos que deambulaban por la Corredora, entrando y saliendo frenéticamente de los numerosos comercios conde a cambio de billetes despachaban cosas.

viernes, julio 02, 2010

El Necropolita - XXV




XXV


Efrén soñaba a menudo. Pero no eran los suyos sueños… apacibles. Más bien todo lo contrario. Debido al profundo desorden psíquico que padecía, pronto su realidad fue destruida como referente y materia prima para la fabricación del subconsciente onírico. Sí, Efrén estaba muy loco, y sus sueños provenían del conjunto de sensaciones que experimentaba al matar, las cuales habían creado un extraño entramado sin ley ni orden, un mundo donde sólo había un personaje principal [11], acompañado por gran número de víctimas de diversa índole. La noche anterior al despertar de Efrén, su sueño había sido éste:

«Amanece un nuevo día. Me levanto. Estoy en una habitación blanca. Salgo de la habitación. Estoy en el salón. Muebles blancos, paredes blancas. No me gusta. Llaman a la puerta TOC, TOC. Abro la puerta blanca. Veo una urbanización de casas blancas y un lechero dice que es el lechero. Un tipo blanco con una botella de vidrio de leche blanca y los dientes muy blancos. Tengo que pagarle. “¿Pa… garle?” No. Tengo que “pegarle”. Patada en la barriga. Respira entrecortadamente. Vuelvo a ello. Puñetazo en la boca. Grita ¡Ayuda! No sale sangre. Eso me enfurece. He de coger la botella y estampársela en la cara. Ahora sí sale sangre. Pero no sólo del lechero. De todas partes. Las casas blancas se vuelven rojas. Las paredes se tiñen de oscuro. Se hace la noche. El lechero cae a mis pies. Está muriendo. Miro al cielo. La luna está muy grande. Pero… maldita sea. La puta está blanca. Aúllo profundamente, como un lobo. Oigo delirar al lechero. Mucha sangre. Debajo de él… junto a mis pies. Roja y espesa. Caliente… Me doy cuenta de que estoy desnudo. Me acuesto sobre el charco que ha dejado el lechero. Me embadurno. Vuelvo a mirar a la luna, y esta vez no la veo. Afino la vista. Sí que está, pero ahora es un agujero. Un agujero negro. Me atrae. Atrae todo lo que se ve. Las casas vuelan, los coches vuelan. Palmeras, bicicletas. No hay personas. Sólo distingo los restos del maltrecho lechero entre el barullo. No tengo miedo. Pero voy a morir. Siento frío. Ya estoy dentro y no he muerto. Estoy, estoy… estoy despierto.»

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[11] El Salvador.


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viernes, junio 25, 2010

El Necropolita - XXIV





XXIV



Efrén había hecho tres cosas inesperadas (inesperadas para los que vigilaban) aquella bella y soleada mañana de mediados de septiembre:

- Levantarse antes de tiempo [10].
- Matar a los obreros de siempre, aunque también a los conductores de la ambulancia y a los tres mercenarios que aparecieron después tras las colinas.
- Fijarse en que el cartel que normalmente colgaba de la parte de atrás de las ambulancias ya no decía “infectados de gripe”, sino “trabajos del Ayuntamiento”.

Como consecuencia de tales cambios en la rutina, Efrén decidió actuar según su instinto. Y su instinto le decía que de allí de donde provenía la ambulancia había muchos más infectados. “Trabajos del Ayuntamiento”. Sí, Elche sería el comienzo de su nueva etapa: la salvación a gran escala. Se estremeció de placer sólo de pensarlo. Pero, ¿estaba bien disfrutar de la labor encomendada?
Un par de voces le gritaron que sí con tal fuerza que Efrén dio un pequeño respingo hacia atrás, topándose con la ambulancia. Al cabo de un instante Efrén se vio a sí mismo conduciendo el vehículo en dirección al centro de la ciudad. Casualmente todos los coches iban en dirección contraria a la suya. «¡Claro, la gripe!», pensó. No se entretuvo demasiado en arrojar a la cuneta a aquellos conductores, pues su labor se centraría en el foco de infección, un lugar llamado Ayuntamiento.

— ¡Señora, ¿por donde se va a este lugar? — señalando el cartel.
— Señor, usted debe estar enfermo… — contestó una amable y temblorosa viejecita que había observado la evoluciones en la circulación de Efrén.
— ¡¿Enfermo?! Usted es la que está enferm — BOUM.

Los sesos y otras partes no identificables de la viejecita rociaban con alegría el escaparate de una tienda de repuestos para motos. Era increíble, nadie parecía darse cuenta de su propia enfermedad. Dos fornidos mecánicos salieron con sendas llaves inglesas en dirección a la furgoneta. Efrén los vio venir y antes de proseguir con su frenético tour bajó a la calzada, propinándole un sonoro mordisco en la nariz a uno de ellos, mientras colocaba (LA BOCA DE MARÍA) el cañón de su escopeta en los testículos del otro. Y apretó el gatillo.

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[10] Probablemente debido a una habituación fisiológica a las drogas que le suministraban a diario en las comidas que encontraba “por casualidad” tras sus incursiones.


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viernes, junio 18, 2010

El Necropolita - XXIII




XXIII



Pablo Brotons observaba la plaza del Ayuntamiento a través de una de las ventanas del antiguo edificio consistorial. Sí, aquellos viandantes, aquellas pequeñas hormiguitas allí abajo nada sabían de su macabro plan… Hacía rato que estaba en el despacho, cómodamente apoltronado en su sillón de cuero, intentando machacársela con una revista pornográfica barata. Realmente no lo conseguía y eso estaba empezando a convertirse en un problema habitual: la edad, pensaba. De repente, un zumbido, y la voz de la secretaria anunciando una visita inesperada.

— Hazlos pasar, chata.
Brotons observó cómo dos de sus guardaespaldas franqueaban la puerta agachándose un poco para no impactar con sus cabezas en el dintel. Delante de ellos, un chico vestido con ropas neo-hippies intentaba zafarse de las manos que lo agarraban. Estaba visiblemente asustado.
— ¿Qué ocurre? — inquiría Brotons, algo molesto, pues había tenido el tiempo justo para guardar su herramienta.
— Este tipo estaba echando fotos en el pantano. Lo hemos pillado esta mañana — contestó una de las torres humanas.
— ¡Soy ornitólogo! ¡Estudio las aves! ¡Qué hay de malo en ello, señor! ¡Esto es ilegal, no pueden detenerme así porque sí! ¡Ni siquiera son policías! ¡AY!

Uno de los guardaespaldas había hecho callar al fotógrafo con una magnífica presa en el brazo. Brotons se acercó, al compás del vaivén de sus apretadas carnes, y le cogió una oreja al individuo, que trató de escapar otra vez, inútilmente.

— ¿Así que te gusta meter las narices donde no te llaman, eh majete? — susurró el concejal al oído del muchacho. — Ahora te voy a enseñar yo cómo tratamos a los que se cuelan en la fiesta sin invitación.

El muchacho intentó gritar, desesperado, pero su petición de auxilio se ahogó con un sonoro puñetazo en el vientre cortesía de Brotons que, a continuación, le propinó varios golpes más en la cara hasta tirarlo al suelo, donde el pobre desgraciado descubriría la extrema dureza de los zapatos Martinelli al contacto con sus huesos. Por su parte, Brotons, acababa de notar cómo una contundente erección pugnaba por salirse de sus pantalones. Por fin estaba tranquilo. ¡Su dignidad como hombre estaba asegurada!


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viernes, junio 11, 2010

El Necropolita - XXII



XXII



Jueves x de agosto del 2010

Aquí está la relación de datos que me pediste. Tal y como te prometí he incluido también las especulaciones sobre los cadáveres que encontramos en la zona referida. Según nuestras fuentes de información podríamos incluir entre los decesos, las víctimas del accidente de autobús del centro privado concertado “Misionero Don Raphael”. Le atribuimos al mismo causante los cuerpos encontrados en el cieno del pantano, lo cual haría un total de 71 muertos no contabilizados en el análisis estadístico que expongo a continuación:

- Nº de bajas......................................... 288
- M2 de terreno abonado.................. 585
- Nº de árboles plantados.................. 65

lunes, junio 07, 2010

LAS ECUACIONES DE PERELMAN DEMUESTRAN LA EXISTENCIA DE DIOS

Supongo que ya todo el mundo lo conoce, pero por si acaso os lo presento: Grigori Perelman. Se hizo famoso hace pocos años al demostrar la conjetura de Poincaré, enunciada en 1904, sobre la catalogación del espacio topológico n-dimensional. Se había demostrado para n=2 dimensiones, para 5 dimensiones, para 4, etc, pero la única demostración que se resistía era para n=3 dimensiones, precisamente el número de dimensiones de nuestro espacio. Esta demostración le ha valido la Medalla Fields (el Nobel de Matemática) y un millón de dólares. Por su puesto Perelman se niega a recoger la medalla y la pasta, porque prefiere vivir en la miseria con su madre en un micropiso de San Petersburgo, dando clases particulares, y no quiere ser un mono de feria.

En mi opinión, dicha demostración fue incluso más importante que la del Teorema de Fermat (por Andrew WIles), ya que el hecho de no tenerla para el espacio 3-dimensional, donde vivimos, implicaba que tal vez los seres humanos y el mundo no existían, o que estábamos en otra dimensión. (Todo eso me provocaba convulsiones, astenia e insomnio cada noche) .Ahora sabemos, gracias a Perelman, que somos tangibles, y podemos ir a comprar el pan o a un concurso de lanzamiento de azadas.




Perelman dándole la espalda a sus tensores de orden 4.


La noticia ahora es que Perelman ha encontrado la demostración matemática de la existencia de Dios. Ya era hora, después de la Suma Teológica (que, más que a Santo Tomás, se la debemos a su ayudante que la salvó de las llamas cuando su maestro la arrojó en Un Día de Furia), no se habían hecho grandes progresos en esta línea. La lógica modal ha abierto una vereda que todavía no sabemos a dónde va. Todavía no he tenido acceso a la demostración (la de Andrew Wiles era de más de 100 folios), pero que me falle la cobertura de mi móvil si no salen el número Pi y un elipsoide.

Aquí dejo links sobre el tema:

http://www.burbuja.info/inmobiliaria/guarderia/155223-el-hombre-mas-inteligente-del-mundo-grigori-perelman.html

http://www.abc.es/20100602/ciencia-tecnologia-matematicas/grigori-perelman-asegura-haber-201006022037.html

Esta es la última imagen que se tiene de Perelman, fue tomada en el 2007, en el metro de San Petersburgo, por un ciudadano que lo reconoció. Yo reconozco las J´Hayber de toda la vida.

viernes, junio 04, 2010

El Necropolita - XXI



XXI



Otro día, otro cargamento. La protervia de Efrén era mayúscula.
¿Hacía realmente la voluntad de su dios (o algo así)?
Su mente le decía que sí, pero eso sólo era la excusa que, como todo buen psicópata, construyó sin querer en su intelecto ya que la perversidad de todos sus asesinatos era atroz.
El segundo retén de obreros estaba formado por una treintena de personas, de las cuales dos tercios eran varones. Efrén despertó “casualmente” cuando todos ellos habían cavado largo rato y también por casualidad sólo quedaba un furgón bien visible con el típico letrero de letras blancas sobre rojo. Rápidamente afloró todo su instinto, su miedo, su necesidad de cumplir el mandato supremo, llevar la salvación a aquellos pobres e indefensos infectos.
Bajó la colina acechante junto a María y un juego de cuchillos japoneses que había preparado ¿antes? ¿de verdad? Sus emboscadas no tenían igual y caían como moscas. Si alguna clase de ser superior parecida a lo que Efrén tenía en mente existiese, seguro se materializaría para cortarle las pelotas a rodajitas, porque la saña con que actuaba en sus matanzas era extrema.
En esta ocasión no se conformó con matarles puesto que una vez hubo abatido una docena y malherido a los restantes, tuvo la osadía de acercarse y, con unos movimientos magistrales, paseó el filo de los cuchillos por el gaznate sangrante de muchos de ellos. Despacio, suave, el arma blanca se teñía de grana deslizando de fenómenos y en su mente enferma aparecieron un par de macabras ideas. Las materializó. Como era habitual, una música celestial acompañaba la génesis de estas. Desvió su cuchillo a otro punto más bajo y ambas, junto con el apéndice, fueron cortadas con un tajo totalmente limpio en un cuarteto de hombres. Su primera idea fue inspiración divina. Una voz le dijo: ”Efrén, probablemente de las tres mujeres que restan vivas y agonizantes alguna esté ligeramente embarazada”. Raudo y sin pensarlo una sola vez, reventó los vientres de toda fémina viviente o no. Ahora las vísceras adornaban la escena de una manera muy apropiada. Las dos últimas personas que tuvieron la desgracia de sobrevivir un poco más, recibieron finalmente su misericordia acompañada de plomo en la cabeza.

Así acabó su segunda jornada y, velozmente, se dirigió a la necrópolis, pues tuvo la sensación de que era vigilado. «¿Por algún infectado?», pensó con terror.
Efrén no lo sabía aún, pero en su decreciente capacidad de análisis lógico, se estaba gestando una idea muy concreta. Cuando realizaba su labor, de algún modo tenía la sensación de estar pescando en un pequeño charquito de una cala: los peces saltaban al anzuelo y él sólo tenía que mover la caña (en este caso la escopeta) para recoger aquello que las olas le traían. Sin embargo, el rugido del mar abierto era un constante tronar en sus oídos, de manera que incluso podía escuchar algo parecido al cántico hipnótico de las sirenas — Efrén, péscanos, estamos enfermas.


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viernes, mayo 28, 2010

El Necropolita - XX





XX



“Que estés a dieta no quiere decir que no puedas ver el menú”

Raúl Andrés Puertas Gallego



Un par de horas después de la desenfrenada orgía de sangre, Efrén descansaba pacíficamente en su retirada morada, sumergido bajo el suave y templado mar de tranquilizantes por el que su cuerpo se deslizaba.
La idoneidad de Efrén para la Misión había quedado patente. No cabía duda que había realizado un buen trabajo. La sugestión inducida por Dyango, el psicólogo, era total. Además el detonador había funcionado a la perfección: aquellos carteles de “trabajos del Ayuntamiento” que se convertían en “infectados de gripe” eran la pequeña lija que rascaba la cabeza de la cerilla (en este caso la de Efrén) y la encendía, y ardía hasta acabar con ellos. Dyango, ¡qué buen profesional! En cuanto éste descubrió lo que almacenaba aquel sujeto en su interior, supo cómo trabajarlo. Era como una marioneta, manipulada con unos hilos finísimos, eso sí, con algún riesgo que correr. No obstante, el verdadero titiritero era el “tranquilo” Brotons, que con firmeza manejaba los fuertes filamentos que sostenían a Dyango, quién a su vez movía al más tarado individuo que jamás haya visto. Formaban un móvil bellísimamente animado.


El alcalde reforzó las convicciones de Efrén sobre la epidemia de gripe y su relación con la deidad benevolente. Con ciertas drogas, su actuación en el papel de Padre Todopoderoso, y su convincente palabrerío, estos pensamientos quedarían grabados permanentemente en el alterado razonamiento de Efrén: estaría preparado para actuar. Pero… ¿cómo pararlo? Con más drogas, está claro. Un buen régimen de ciertos medicamentos “bien” administrados lograrían que el sujeto permaneciese en estado de vigilia sólo el tiempo necesario para cumplir la voluntad de Dios: unas dos o tres horas. De esta manera dispondrían de un margen suficiente para enterrar a los infelices peregrinos provenientes del Anillo, y otros preparativos para la siguiente sesión[9].
Los encargados de los nuevos oficios como “enterrador de falsos infectados de gripe”, “chófer de ilusos trabajadores del Ayuntamiento”, etc. eran de total confianza, seleccionados por Pablo Brotons con cuidado rectilíneo. Como ya había apuntado, los ciudadanos no debían olerse lo que allí había.


[9] El llamado tratamiento Ludovico descrito con más detalle en A Clockwork Orange consistía básicamente en condicionar a un sujeto mediante estímulos negativos para que fuera absolutamente incapaz de cometer actos de violencia. El tratamiento que recibe Efrén es el denominado Tratamiento Ludovico Inverso, que como su propio nombre indica es el diametralmente opuesto y consiste en el condicionamiento de un sujeto de tal forma que determinados estímulos controlados producen en él una brutal ansia de matar.


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miércoles, mayo 26, 2010

"Polvo Eres"

Éste es el nombre de uno de los programas más entretenidos de la radio nacional de España. Como es bastante corto no suelo coincidir con su emisión, pero de vez en cuando me meto en el apartado de podcasts del mismo y escucho varios de un tirón.

Aquí tenéis un par de ejemplos interesantes:

Muertos en moto


Culto Zoroástrico


Esto me ha hecho pensar en qué me gustaría que hiciesen con mi cuerpo cuando muera, pero no llego a ninguna conclusión. Supongo que no me importa lo que hagan con él, pero si aprovechan mis órganos, mejor. Y si luego, con lo que quede, me quieren dejar en una torre del silencio mejor aún, ¡viva Zaratustra!


Ah, por cierto, hay documentos gráficos del muerto en moto y el muerto "parao".

viernes, mayo 21, 2010

El Necropolita - XIX




XIX



“Bonum vinum laetificat cor hominis”[7]



Habían estado trabajando toda la mañana en la zanja, sobre todo después de la comida (aderezada con cerveza fría y vino potente), la mayoría de los trabajadores se mostraban eufóricos y henchidos de felicidad, mientras golpeaban la cada vez más dura tierra con sus picos.
Por la luminosidad del cielo azul que colgaba sobre ellos, fuera de la zanja, Nonauj calculó que serían más o menos las 19:30 h. o las 20:00 horas. «Dentro de nada veré mi casa. Mi propia casa» se decía mientras su compañero, Cap, sacaba la tierra que él arrojaba al suelo con una pala.
Por su lado, Cap, imaginaba cómo sería dormir en un lugar donde no se tenía que permanecer en duermevela por si alguien decidía arrebatarte el sitio a puñaladas. Recordaba que sólo hacía unos días, ni siquiera formaban parte de los “INTE” (INTEGRADOS) del centro y exterior del anillo. Miró a Nonauj. Se le veía tan feliz como a él.
De repente se oyó un estruendo. Nonauj y Cap miraron hacia el borde más alejado de la zanja, donde se había excavado la rampa que daba acceso al largo agujero: allí había un hombre en pie con una escopeta en la mano. Estaba disparando a diestro y siniestro sobre los obreros que había bajo sus pies.
— ¡Arrepentíos os digo! ¡El paraíso os espera!

¡¡K-BUUUM, K-BUUUUM!!

Nonauj y Cap fueron testigos, horrorizados, de cómo una pequeña avalancha de personas avanzaba hacia donde ellos estaban, intentando huir desesperadamente. Por aquél lado, la zanja no tenía rampa, de manera que el grupo de obreros, con Nonauj y Cap a su cabeza, se vieron aplastados unos con otros contra un muro de tierra de algo más de dos metros.
Dos trabajadores consiguieron trepar sobre la marabunta y alcanzar la superficie del suelo. Pero el tipo de la escopeta, con una frase proveniente de entre sus espesas barbas, y dos tiros de su escopeta, consiguió frenar el avance de la “escapada”: “¡¿Dónde vais almas descarriadas?! ¡¿Acaso renunciáis a la infinita benevolencia de vuestro humilde pastor?!

¡¡K-BUUUM, K-BUUUUM!!

Nonauj y Cap sintieron cómo una finísima cortina de sangre tibia caía sobre sus cabezas y las de sus compañeros. Comprendieron que iba a producirse una masacre de proporciones bíblicas. Nonauj sacó un brazo entre la multitud, intentando alcanzar el borde y asirse a él. Sonó la escopeta. ¡¡K-BUUM!! Su mano había desaparecido. En su lugar, un muñón sanguinolento aterrorizaba a aquellos que se atrevían a mirarlo. Cap intento ayudar a su amigo, pero éste perdió el conocimiento y pronto fue aplastado por las furiosas pisadas de los obreros. Nonauj había muerto.
— ¡El Poder del señor es infinito! ¡Humillaos ante él y yo os llevaré hacia su casa! — bramaba el tipo de la escopeta.
A continuación, y como si el individuo se hubiera vuelto aún más loco de lo que estaba, se produjeron un sinnúmero de detonaciones seguidas que acabaron con la vida de ocho o nueve personas más[8] (Con tal amasijo de carne humana, era difícil saber el número exacto).
En el suelo, un indigente envuelto en sus propias visceras, que le salían por el costado del mono de trabajo, intentaba tocar los pies de su asesino. ¡CRACK! El hombre de la escopeta le pisó la mano, y con un gesto terrible de superioridad apuntó a la cabeza y le desperdigó los sesos sobre las paredes de tierra y el rostro de los “espectadores” de primera fila. La gente empezó a enloquecer. Varias personas se abalanzaron en la dirección del asesino, con la intención, más que de atacarle, de salir huyendo por la rampa.

K-BUUM-K-BUUM-K-BUUUM.

Aquella escopeta almacenaba muchos cartuchos en su vientre. Cap pensó que quizá se tratara de una de aquellas armas que los últimos balleneros utilizaron antes de que la especie se extinguiera: máximo poder de destrucción; máxima rapidez y disponibilidad; mayor capacidad de carga; “hecho en Taiwan”.
— ¡Ahora arrodilláos!
La orden no fue aceptada de inmediato. La escopeta tuvo que volver a emplearse. Y cuando la cabeza de otro operario reventó en varios pedazos, el mandato fue, por fin, acatado.
— Mi nombre es Efrén, y soy vuestro salvador.
Cap advirtió que la mayoría de los presentes, entre ellos él mismo, estaban llorando. Allí arrodillado, junto al cadáver aplastado de Nonauj, fue esperando el turno para morir. Lamentablemente le tocó en el último lugar.
Efrén le obligó a mirarle a los ojos.
Cap le escupió en la cara.
Efrén le voló los testículos. Pero, como si inmediatamente se diera cuenta de su error, rectificó y le voló la tapa de los sesos.
Sí, el dueño de aquella escopeta no estaba allí para dejarse llevar por sus propios impulsos. Sino para hacer la voluntad de un tercero. La infinitamente sabia y misericorde voluntad de su PADRE.


[7] Como todo el mundo sabe, “el buen vino alegra el corazón del hombre”…
[8] Dicha circunstancia es conocida en la mitología céltica como Espasmo de Furia, un repentino crecimiento en la fuerza y valentía del héroe acompañado en ocasiones por una metamorfosis física. Para más información consultar los relatos del rey Slaine.


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viernes, mayo 14, 2010

El Necropolita - XVIII





XVIII



María era bella como el fuego purificador de la inquisición española. Sin duda era un don divino. La cogió. Estaba cargada. Y había muchos cartuchos en una bolsa de tela justo al lado. Efrén recordó una bella melodía “OH HAPPY DAY, OH HAPPY DAY”. Sentía que su nueva vida le iba a reportar muchas más satisfacciones que la anterior, aunqua sabía que debía consagrarla a ayudar a los demás. ¡CLACK! Quitó el seguro.
Sí, su ayuda iba a ser contundente. “OH HAPPY DAY”. El gospel resonaba fuerte en su cerebro. Cogió la bolsa de cartuchos y comenzó a andar.
Era el pastor en busca del rebaño perdido, el predicador de la verdadera palabra. Una brisa movió su abundante cabellera, dejándole las facciones al descubierto. Pensó que incluso tenía el aspecto de un mesías. En el otro mundo iban a sentirse orgullosos de él, ya lo creo. De repente Efrén olió algo en el aire. Una luz de emergencia se encendió en su interior. Con dos zancadas terminó de subir el montículo que estaba escalando. «¡Dios Santo!»
Los veía. Los veía claramente, como el que ve la ira del hacedor en una tormenta de verano: eran muchos, muchos. Efrén observaba asombrado cómo cavaban en el suelo.
«¡Oh aleluya dijo el señor!» pensó Efrén.
En los carteles de la ambulancia que había justo al costado de la zanja se leía claramente: “INFECTADOS DE GRIPE”.

Entonces lo comprendió. ESOS INFECTADOS DE GRIPE estaban… ¡Cavando sus propias tumbas! ¡Sólo estaban esperando que la mano de Dios cayera sobre ellos como una lápida! Sí. El Padre le enviaba a los pecadores y él se encargaría de redimirlos. De redimirlos A TODOS.


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viernes, mayo 07, 2010

El Necropolita - XVII





XVII



Lo primero que sintió Efrén al despertar fueron los rayos de sol de la tarde sobre su rostro. Era una sensación agradable. ¿Estaba en el cielo? Se incorporó lenta y parcialmente sobre un codo, utilizando el otro brazo para taparse la cara. ¿Qué había pasado? Poco a poco todo vino a su memoria. ¡Dios! ¡Había hablado con Dios! Aquél Dios terrible pero compasivo que le había estado dando señales indirectas, por fin, le había hablado. Pero… ¿estaba muerto?

Efrén miró a su alrededor, aunque no fue aquél vistazo a la sierra lo que le situó en el espacio-tiempo, sino otro recuerdo. El recuerdo de la MISIÓN. Sí, ahora recordaba el mensaje del PADRE: “Efrén, tienes una misión y debes cumplirla con amor”.
Dios le había dicho que su misión estaba incompleta y que tenía que esforzarse más: “No debes preocuparte, hijo mío. El mal que les condena a ellos a ti no te afectará”.
¿Era eso posible? ¡Claro que lo era!
El Todopoderoso era eso mismo: Todopoderoso. Efrén se orinó en los pantalones. Le excitaba sobremanera aquella demostración brutal de poder. Aquella supremacía indiscutible de su señor. Aquella voz atronadora… pensándolo mejor quizá no fueran orines lo que manchaba su pantalón.
Se puso en pie y se desperezó. De repente, la sensación de estar siendo observado le invadió. Al momento cayó en la cuenta: ¡Él también es omnipresente!
Se dijo a sí mismo que el cansancio que sentía era normal, después de estado en la otra vida y haber resucitado. Al lado de donde yacía unos momentos atrás, encontró a María. Estaba reluciente en el atardecer.


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viernes, abril 30, 2010

El Necropolita - XVI




XVI


Tres furgonetas fueron cargadas en las instalaciones que habían sido designadas como centro de la operación “ELCHE, UNA CIUDAD LIMPIA”, colofón del proyecto META 2010. Unas veinticinco personas por las que nadie había dado un duro hacía sólo unos días, se disponían ahora con gran entusiasmo a retomar las riendas de sus vidas. Entre ellos, unos increíblemente sobrios Nonauj y Cap disertaban animadamente.

— Recogí un poco de fermento de uva no más despuntar, con vistas al almuerzo, ¿no son esas las cosas que hacen los currantes cuando obran? — contaba a Cap un Nonauj ilusionado con su primer trabajo.
— No lo sé, pero si se trata de papeo, ellos seguro que se apuntan. A mí me contaron que el “Pepes” conoció a uno al que una vez le contaron que un tipo del Anillo había encontrado curro.
Las furgonetas traqueteaban de lo lindo al pasar por el destrozado pavimento del barrio imposible de La Puñalá.
— Mira cuantos tipos acabados, Cap. Ahora seremos provechosos para la ciudad, pero eso no importa, “la cosa real” es el disfrute de frambuesas en la vida que nos espera.
— Nos vamos a convertir en tipos maletosos de esos, con pringue en el pelo y acciones en mano. Ahora somos peones… ¡Mañana, quién sabe!

En alegres comentarios se perdieron ambos amiguitos. Los vehículos estaban pintados en blanco, adornados con alguna raya roja en los flancos y dos carteles de verde: uno delante, asomando por el parabrisas; y otro atrás sobre la matrícula. El trasero era más grande y las letras de tamaño enorme y blancas decían: “TRABAJOS DEL AYUNTAMIENTO”.


Allí estaban los elegidos. Veinticinco personas que bajo los primeros rayos del sol mañanero iban a comenzar la árdua labor retribuida.
— ¡Que cada uno coja un pico y una pala! — gritó uno de los capataces.
Nonauj y Cap fueron de los primeros en obedecer. Casi se podía apreciar la codicia bullendo en sus ojillos «¡Nos vamos a forrar!».
— ¡Al final de la jornada se les conducirá a las casas prefabricadas que han sido preparadas para ustedes!
Aquello aún alegró más los ánimos «¡Una casa! Es como una bendición del cielo» pensó Cap.
El operario indicó a los reunidos lo que tenían que hacer. — ¡Tendrán que cavar una zanja de varios metros de largo. Además tiene que ser bastante honda y ancha, digamos que algo más de la estatura de un hombre.


Y así fue como los hijos pródigos de la Civilización volvieron a sus brazos de la mano de un trabajo digno.


“Plic, plac, plic, plac, ZAAS, ZAAS, ZAAS”. El sonido era como música para todos ellos y el esfuerzo con que se empleaban demostraba lo ilusionados que se sentían: al fin y al cabo el destino se había apiadado de ellos.


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viernes, abril 23, 2010

El Necropolita - XV





XV



— Este poema ha confirmado todas mis sospechas, el sujeto en cuestión es tal y como pensábamos o incluso peor. Me da miedo este asunto Pablo, creo que es más inestable que un florete pegado al techo con chicle y, nosotros nos atrevemos a pasar por debajo.
En un principio habla como si fuese un tipo de Dios u otra cosa por el estilo y después parece que vuelve a su propia mente. En el resto del poema practica de nuevo esta suerte, y no creo que lo haga muy conscientemente. Rompe claramente los mecanismos de contacto con la realidad. Es un caso evidente de esquizofrenia… y es más, pienso que no es su única “virtud”. Leo y te cuento:




De repente aparecen todas esas ovejas degolladas,
Una nube de lana esponjosa de sangre saturada
No tengas miedo, mira cuan larga es tu descendencia,
Mira alrededor y descubre en la correspondencia
Cartas olvidadas, increíblemente atrasadas, selladas
Con toda aquella sangre perfectamente coagulada.

Pasada la noche sólo he podido pensar en su hermosura:
La luz de la mañana brillaba atravesando la espesura
De la única nube que poblaba el firmamento,
Estratégicamente situada, de dimensiones calculadas,
Donde quizás fácilmente ofuscaba mi débil pensamiento:

La bóveda celeste, celeste no estaba.
Las estrellas extrañamente lucían
El fulgor fúlgido que escondían
Tal vez de manera obligada.

Atónito permanecí ante el suceso:
Un ramo de largos apéndices, espeso,
Traspasó la única que habitaba el cielo raso.
Cientos de metros medían aquellos brazos
Era incapaz de dar un paso.

Ondeando los tentáculos en el aire;
Alcé mis brazos, sonreí y esperé.
Asomó rutilante su cabeza,

Translúcida en parte,
Revelaba el espanto del cosmos
Y toda su grandeza.

Advertí un aura áurea,
No era inmaterial,
Formada por miel:
¡Era corpórea! ¡Era espacial!

Inmerso en esta masa melosa
era posible viajar afuera,
Algo especial.

Entonces vislumbré, helado, a la más hermosa,
Dentro de aquel espectro por ella invocado:
De pronto cristales de axionita fueron lanzados,
Rasgando la translúcida carne gelatinosa,
Como si de miles de hachas afiladas se tratara.

¡Oh!, ¡Qué “hallazgo”!, ella no era humana,
más bien diría yo que una diosa,
belleza inigualable asombrosa a la vez que monstruosa.
Tuve miedo, pero acepté el desafío:

Ella me envolvió en un mar de sensaciones psicotrópicas,
Sus ojos irradiaban llamas, sensaciones caleidoscópicas.
A través de los caminos lechosos exploramos mundos,
Más rápido que la luz, engulléndolo todo en segundos.

Por fin comprendí que descubríamos la historia,
El pasado de nuestros antepasados: cartas olvidadas…
Sangre derramada en pronaos para antiguas glorias,
De seres que servían a los Primigenios,
Verdaderos dueños del tiempo y del espacio…
… conocedores de nuestra descendencia
… bibliotecarios de lo oculto…

Ahora ya cabía todo en mi mente:
Hasta LA MUERTE.




Dyango leyó exaltado, como si Efrén fuese el lector: después de haber investigado todos sus escritos conocía bastante bien su pensamiento.
— Estee…, ¿qué le “paresió”? Vaya, ya me ha vuelto a salir esa entonación argentina con que hablaba en mis consultas.
— Vaya, vaya, Dyanguito, parece que tus clases en la U.N.E.D. han dado su fruto, ¿ein?.
— “Está claro, como el agua cristalina, tan claro como el cielo azul de una mañana de verano” que el barbado que tenemos ante nosotros guarda en su interior verdaderas bombas a punto de estallar. Presenta unos ligeros tintes de paranoia con delirios de persecución[4] y de grandeza[5].
Su inteligencia es aparentemente normal: sabe escribir y sin faltas. El desequilibrio se halla en su conducta. He aquí su faceta más peligrosa, Pablo, nada que envidiar a su “querida” paranoia ni a su “hermosa” esquizofrenia: sufre unos monstruosos síntomas de diversas psicopatías. Es un psicópata hipertípico[6] así como inseguro y arrogante. Es un psicópata desalmado, sin remordimientos, brutal y extremadamente cruel. Es… es… es… IDÓNEO.


[4] Está bien clarito: todos quieren infectarle y acabar con él.
[5] Él está firmemente convencido de haber sido elegido (y ya se para qué) por esa criatura que le muestra todos esos conocimientos más allá del tiempo y del espacio, “engulléndolo todo en segundos”, aquella bestia que “revela el espanto del cosmos”, aquel que conoce incluso la muerte.
[6] Es bien sabido que este tipo de psicópatas son aquellos que se enfurecen y agreden con la menor excusa.



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lunes, abril 19, 2010

CABEZA DE TRANSISTOR ("Creep" en español)

Aquí tenemos un clásico de la música pop-rock de los 90. La versión en español presenta algunas discrepancias de traducción con respecto a la original de RadioHead, pero la emotividad permanece intacta.


viernes, abril 16, 2010

El Necropolita - XIV





XIV



Se armó un pequeño revuelo en los marginales barrios de La Rata, La Puñalá, Los Palmerales, Patilla y algún otro más, donde habitaban ahora los hijos de “la cultura del desempleo para los más pobres”. Estos barrios, que quedaron como un anillo entre la parte más antigua y la expansión de la moderna y próspera ciudad de Elche, estaban poblados de yonquis, desahuciados e inadaptados de la nueva sociedad del bienestar de verdad, en la que quien tenía dineros hacía dineros. Aquellos que formaban parte del Anillo no tenían salida, y aunque no eran muchos, su voluntad dormía carcomida. Pero aquel lunes esperanzador de mitad de agosto un puñado de ingenuos y bienpensados ciudadanos se fueron topando con un caramelo que quizás les sacase de allí.

— ¡Eh, Nonauj! — vociferó Cap a su conocido que medio ebrio descansaba en el portal, más colgado que el puente del Bimilenario en la Ronda Norte.
— Eh, tío. — bajó su volumen pues se acercaba a su chabola. — Eh, sal de la siesta. Antes del refertorio y después del alba acudí a la llamada de la uva…
— No me hables de brebajes que voy a… — le interrumpió haciendo una arcada pero manteniendo el tipo… y el vino dentro de sí.
— Ummm, el caso es que durante el paseo al merca he visto la salvación.
— Paz, hermano, ¿qué mierda te has tomado hoy?
— Bien sabes que no soy dependiente, y tú…

Discutieron durante unos minutos sobre cosas intrascendentes en la peculiar jerga de los perdidos en el Anillo, hasta que Cap recordó lo que iba a proponer a Nonauj.
— Parece no creíble pero he visto unos carteleros pegar. En los carteles se anuncia la necesidad de peones para trabajos de acondicionamiento de zonas verdes.
— ¿Empleadores aquí[3]?
— No sé de qué me hablas, no entiando tu lenguaje personal ni tu vida, pero yo te cuento esto: se requiere gente sin compromisos, que no tenga dinero, familia, y tampoco exigen una fuerza de voluntad a prueba de carcoma.
— ¿Y?
— Habrá un sueldo generoso y prometen una morada digna donde descansar en paz en campos de fresas para siempre.
— ¡¡Burp!!
— Aquí llega el sol/, turuturu/, aquí llega el sol y yo diigo/, está que te cagas/, tarara/larara/larara/lararalaralá…

Hacía años que no se veía algo así: ofertas de empleo a personas cuyo perfil encajaba como un molde perfecto en la silueta de los típicos marginados, absolutamente individuales y apartados del bienestar. Pero… ¡si ya nadie empleaba a nadie sin una aportación económica! ¡¿Cómo podía ser que el mismísimo Ayuntamiento se dedicara a dar FAENA a gente sin FAMILIA ni FONDOS?! ¡A gente que era nadie!

Más de veinte optimistas personas acudieron al día siguiente al Ayuntamiento en busca de la promesa. Había indigentes, algunos jóvenes criados en el abandono, japoneses, borrachos en busca de trabajo fácil con el que mantener el mismo ritmo de vida en su relajada y solitaria existencia (entre ellos Nonauj y Cap),… Todos ellos cumplían los requisitos establecidos. Había incluso alguno de familia rica caído en los atractivos infiernos de la heroína que, abandonado por todos, había decidido cambiar el rumbo de su vida.
Aquel grupo fue citado para empezar la semana siguiente. El Consistorio tenía prisa en desinfectar y limpiar, en acondicionar y repoblar toda aquella zona alrededor del pantano. Y no necesitaban gente especialmente hábil para realizar todo aquello.


[3] Aquí refiriéndose al Anillo.



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viernes, abril 09, 2010

El Necropolita - XIII



XIII


“Gloria in excelsis Deo.” [1]


Efrén viajaba por el espacio. Sabía que su vida había acabado pero se negaba a creer del todo que estaba en el cielo. ¡Todo era tan oscuro! Desde que los ángeles habían visitado su morada no les había vuelto a ver. Ni a ellos ni a nada que pudiera darle la más mínima esperanza de haber llegado a su merecido y ansiado descanso eterno. Se sentía muy sólo[2]. No obstante, sabía que de alguna manera alguien sostenía su existencia a través de la vasta extensión de vacío que atravesaba. Había perdido la noción del tiempo, y pese a su convencimiento de que no era posible que tuviera consciencia de su propio cuerpo (pues ahora era espíritu), tenía la sensación de que algo que ahora ocupaba el lugar de su boca estaba atrozmente seco. «¡Misterios del Señor!» se decía para luego continuar con sus cada vez más profundas incursiones en la trascendencia. Sabía que si aguantaba lo suficiente su hora le llegaría, pues había hecho mucho bien. De repente una intensa y cegadora luz se abrió ante sus ojos, obligándole a cerrarlos de inmediato.

— ¡EFRÉN! — se oyó una voz atronadora.— ¿Ss-sí? (apenas perceptible).
— ¡EFRÉN, SOY DIOS!
_________________________________________________
[1] “Gloria a Dios en las alturas”.
[2] Probablemente se debiera a la alta y rápida mortandad que, casualmente, afectaba a los que contraían la enfermedad cerca de Efrén.


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viernes, abril 02, 2010

El Necropolita - XII


XII


Dyango M. llegó temprano. Se sentó junto al asiento de Brotons, y dejó soltar un leve suspiro. Estaba visiblemente desquiciado. Brotons contaba con ello, y también con que en aquél momento le tenía en sus manos y haría lo que había venido a hacer sin rechistar. Por eso no se molestó en reprenderle cuando el alcalde alegó:

— De todas formas creo que esto terminará por explotar. ¡Joder, nada tiene sentido!
Brotons ni siquiera le miró. Estaba concentrado en aquel sujeto barbudo del otro lado del cristal del que cada vez conocían más gracias, en gran medida, a los manuscritos hallados en la cueva de la Necrópolis. Pablo Brotons había encontrado oro sin proponérselo. Y era feliz. Sumamente feliz.


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