"No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes..." pero yo ya me he despertado más de una mañana con esta cándida melodía resonando en mis calles:
tururíiiiiiiiiiiiiiiiiii tururuuuuuuuuuuuuuuuuu
Ya está aquí el afilador, y afila:
-cuchillos -navajas -tijeras -hachas -machetes -toda clase de artículos de cocina -máquinas de fiambre
tururíiiiiiiiiiiiiiiiiii tururuuuuuuuuuuuuuuuuu
La lástima es que se está perdiendo el glamour de la profesión: el tipo no es el de la foto, y no va en moto raída, sino en furgoneta, y ya por si faltaba poco para diezmar mi ánimo de lo añejo, la voz es una cinta grabada (¿qué digo una cinta? ¡un cedé!) que se repite una y otra vez. En realidad el bucle se perpetúa N veces, para acabar con lo poco de poético que le quedaba.
Como novedad, me llama la atención la caterva de instrumentos -que el inquisidor llama eufemísticamente heurísticos- para los que da servicio, destacando enormemente las "máquinas de fiambre", por su claro cariz tenebroso.
Hace años que no veo la tele. Sin embargo, de vez en cuando, mientras cenaba, ponía CNN plus y me encontraba con Antonio San José entrevistando a alguien. La verdad es que no encuentro palabras para describir la perfección, soltura y lucidez con la que trataba las entrevistas. Nunca he visto a nadie hacer nada parecido, y ahora que ya hace unos meses que cerró CNN lo echamos más de menos que de más (el verbo echar echa la hache por la ventana).
Lo he visto entrevistar desde cantantes de ópera hasta Fito, desde Jane Goodall (la tipa de los gorilas) hasta escritores abandonados. Apuesto a que a muchos de los entrevistados los elegía él personalmente. No sé qué hace ahora, pero seguro que alguna cadena de TV o radio la habrá fichado. Debería estar dándole clases de periodismo a los catedráticos de las universidades de periodismo, aunque realmente creo que lo que hacía él no se puede enseñar: hay gente que nace con una estrella extraña, y lo único que podemos hacer es aprovechar los asuetos de orden intelectual que cuela en este caos social: él es una prueba más de la veracidad de los diagramas de Feigenbaum Es una lástima que ya no esté. Creo que la TV funciona exactamente igual que la política: La Teoría del Embudo Invertido. Esta teoría -dejó de ser conjetura hace mucho- reza que los únicos que ascienden, perduran y triunfan son los más estúpidos y los más malvados, y que las personas inteligentes y bondadosas - para no incurrir en tautologías, recordaré que gracias a José Antonio Marina, en "La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez", sabemos que la bondad es consecuencia de la inteligencia- no tienen cabida ya que alguien de arriba no le interesa tener gente que no se pueda manipular o domesticar. Es una especie de Principio de Peter.
Lo único bueno de que ya no esté es que por fin he conseguido no ver la TV, nada; y que esto confirma la teoría de que el mundo está a punto de acabarse.
Ayer soñé con Arizona Dream. Hacía años que no veía esta película, así que la tengo que ver otra vez.
Kusturika ha hecho algunas de las mejores películas del cine postmoderno, pero desde luego que esta es la mejor con diferencia.
Poner a Jerry Lewis haciendo de fracasado (que era lo que estaba haciendo en su vida real en aquella época) y poner a Faye Dunaway de borracha, loca y solitaria (que era lo que le estaba pasando en aquella época), la da un toque de humor que acaba de ponerle la guinda al pastel.
Hay muchas escenas aquí que pasarán a la historia del cine: así de pronto me viene la de Vincent Gallo en la genial imitación de Cary Grant en Con la Muerte en los Talones; los intentos de volar el aparato, el pez... son demasiadas cosas que recuerdo vagamente y que es obligatorio rever.
Por eso, y mucho más, convido a toda alma descarriada que se pase por este blog a ver este film que no tiene desperdicio desde el primer fotograma hasta el último. Ni que decir tiene que verla en original con subtítulos es casi imprescindible.
John Milnor después de una sesión de Gran Hermano N.
Hoy abro los periódicos y descubro que le han dado el premio Abel de matemáticas al genial John Milnor. La verdad es que el tipo se lo merece por mucho motivos, pero sobre todo -en mi opinión- por haber sido el descubridor de las esferas lisas exóticas de 7 dimensiones. Yo una vez descubrí una manera de tirar de la cadena sin que aumentara la entropía del universo -todavía estoy esperando la aprobación de la comunidad científica internacional-, y sé perfectamente la alegría que tendrá este hombre al ver que una vez más han reconocido la valía de su aportación.
Sinceramente, no sé qué hubiese sido de la humanidad si Milnor no hubiera descubierto las esferas lisas exóticas de 7 dimensiones. La hipótesis más apocalíptica es que nadie las hubieras descubierto nunca: morirían de hambre y de sed, se descompondrían con el paso de los siglos, y ya nunca nadie podría saber ni tan siquiera que dichas esferas existieron realmente. Sería una pena.
En resumen, me ha dado una gran alegría saber que existen, y que alguien las ha encontrado a tiempo. Yo hasta ahora las únicas eferas exóticas que conocía son las de esta intantánea que fue tomada desde el Telescopio Espacial Hubble en agosto de 1990: Esferas exóticas de dimensión 3 para todo x perteneciente a los números complejos.
Sí, habéis leído bien: el tsunami de Sumatra. La noticia parece que es en todas partes el tsunami de Japón, pero después de leer este artículo entenderéis que la noticia es el de Sumatra y la India que ocurrió en el 2004. Y el motivo es bien sencillo: el tsunami de Sumatra no fue un solitón. Aquí tenéis el link del estudio matemático
Digamos que es una anomalía matemática, que a veces la naturaleza manifiesta, el artículo anterior lo explica bastante bien, así que no voy a extenderme. De modo que la pregunta es bien sencilla ¿ha sido el de Japón un solitón?
La teoría de los conspiranoicos alucina que el tsunami de Sumatra lo provocó una bomba nuclear que lanzó Bush para probar una arma nueva: el tsunami voluntario. El caso es que Japón han habido más de 200 réplicas sísmicas, lo cual hace evidente que es un terremoto natural, sin embargo desconozco cuántas réplicas hubo en el de Sumatra. Voy a ver si aclaro lo que quiero decir:
¿el tsunami de Japón fue un solitón por ser un terremoto natural y el de Sumatra no fue un solitón por ser terremoto artificial?
"A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas" - H.P. Lovecraft
La traducción no es del todo exacta (interior, noche, risas), pero creo que hago justicia con el viejo Tom:
Se llevó todo mi dinero y a mi mejor amigo ya conoces la historia aquí viene otra vez no tengo orgullo no tengo vergüenza tienes que hacer que llueva haz que llueva
desde que te has ido duele ahí adentro no soy más que otro triste huésped en esta tierra oscura
quiero creer en la caridad del mundo otra vez haz que llueva
la noche está muy calmada pasándoselo de lo lindo ella sola necesito el látigo del trueno y el oscuro quejido del viento
no soy Abel, sólo soy Caín abre los cielos haz que llueva
estoy cerca del cielo estampado en la puerta han afilado los cuchillos en mis errores
lo que ha hecho esta chica no tiene nombre tienes que hacer que llueva haz que llueva
sin su amor sin tu beso el infierno no puede quemarme más que esto estoy encendiendo toda esta pena apaga el fuego haz que llueva
he nacido para los problemas he nacido para el destino del interior de una promesa no se puede escapar es el mismo viejo mundo pero nada parece igual haz que llueva
sigo solo aquí canta haz que llueva.
Y la sajona original:
She took all my money And my best friend You know the story Here it comes again I have no pride I have no shame You gotta make it rain Make it rain!
Since you're gone Deep inside it hurts I'm just another sad guest On this dark earth
I want to believe In the mercy of the world again Make it rain, make it rain!
The nite's too quiet Stretched out alone I need the whip of thunder And the wind's dark moan
I'm not Able, I'm just Cain Open up the heavens Make it rain!
I'm close to heaven Crushed at the gate They sharpen their knives On my mistakes
What she done, you can't give it a name You gotta make it rain Make it rain, yeah!
Without her love Withour your kiss Hell can't burn me More than this I'm burning up all this pain Put out the fire Make it rain!
I'm born to trouble I'm born to fate Inside a promise I can't escape It's the same old world But nothing looks the same Make it rain! [2x]
Got to make it rain Make it rain You got to make it rain Got to make it rain You got to...
I stand alone here! [2x] Sing it... Make it rain! [2x]
La verdad es que tiene que ser un espectáculo verlo en directo. Estuvo el año pasado en España (creo que por vez primera en su vida), y uno se entera tarde de estas cosas. Las entradas para Italia valían unos 400€ (que se mueran los Rolling y U2 robándole a la gente con espectáculos de luces y purpurina, Tom vale 4 veces más). A ver si estamos todos en alerta y la próxima vez que toque cerca nos enteramos.
No os perdáis la entrevista: entre otras cosas, dice que pilló a su hijo mayor diciéndole al pequeño "nunca le pidas a papá que te ayude con los deberes". La verdad, toda una lección del Maestro. El hombre va haciendo fotos de manchas de aceite de la carretera, aquí nos enseña una donde "claramente" se ve un caballo saltando una valla.
Tom nunca canta la misma canción igual dos veces. En la de este otro video se parece un poco más a la del CD de estudio, ya que no iba tan borracho. Creo que la voz de Joe Cocker se queda a la altura del betún (o de las manchas de aceite).
Año 2030. El último modelo de la serie 9 BMW se deslizaba con sus turbinas aéreas silenciosas a lo largo de la nueva avenida hacia el Parque del Edén. Allí, un hombre divorciado, cuyo nombre no viene al caso, gozaría de un bonito domingo de asignación judicial de visitas con su amado hijo.
El camino se hizo excesivamente largo para ambos, a pesar de los esfuerzos del padre por sintonizar una emisora juvenil del agrado de su casi desconocido vástago, el cual era un visible fan de los “Fat Scorpion Boys”, un grupo de desafortunados quinceañeros que se vestían con trajes con aguijón. Éstos dejaban crecer su barriga hasta un volumen más que considerable, siendo su consigna: “Mi grasa es tu veneno”, al ritmo de las frecuencias ultrabajas que tan de moda permanecían desde el año ’25 y que producía una sensación de vértigo en el estómago, mientras que los oídos parecían no percibir nada.
Aparcaron junto a la inmensa pérgola que cubría por completo el espacio para comidas del parque, el antaño modesto merendero del pantano de Elche. Tras bajar del coche desplegaron una impoluta manta de picnic para una perfecta y programada sesión padre-hijo. El rollizo infante se apresuró a desempaquetar las numerosas provisiones ante el asombro de su progenitor, «estos chicos con sus modas…» pensó el hombre. Éste sabía que cuando acabara el ágape, y tras la rigurosa pastilla de obesidad, mostraría a su hijo, orgulloso, el sublime vergel que constituía la zona conocida como Plaza de D. Pablo Brotons.
Se relamía con sólo pensar en el momento en que le narraría a su hijo la historia del heroico concejal, el cual había acondicionado los terrenos que ahora pisaban para que pudieran ser disfrutados por los “landers”[13]; y además, y lo que es más importante, había salvado a la ciudad del iracundo ataque de un funesto desequilibrado allá por el año 2010. Sí, en Elche los héroes eran de buena madera.
El jardín que pronto visitarían tenía en su haber numerosas especies vegetales que crecieron desmesuradamente gracias a un abono especial desarrollado “ad hoc” por los científicos. «Este logro ha supuesto un importante sacrificio para la generosa población ilicitana, pero ha valido la pena». Estas palabras quedaron grabadas en la memoria del orgulloso cuarentón y tenía planeado repetírselas literalmente en su perorata posterior a su amado chavalín.
A través de los infinitos campos de frutales poblados aquí y allá por numerosas amapolas[14], se acercarían hasta el indiscutible centro del complejo, el monumento a P. Brotons, en cuyo pedestal rezaba una placa:
“Año MMXI, la ciudad de Elche en agradecimiento al ilustrísimo concejal Don Pablo Borja Brotons de Montalbo y Aznar, por sus servicios prestados a la sociedad ilicitana, cuyo fruto se alza ahora majestuoso en esta anteriormente desaprovechada localización. Así mismo, que esta estatua sirva para recordar no al político, sino al hombre, el ciudadano, el héroe, que murió por salvar el ideal de una ciudad buena, una ciudad sin pobreza, una ciudad fuerte, en definitiva: UNA CIUDAD LIMPIA.”
Fin
[13] Nombre que recibieron los afortunados personajes que siguieron siendo ricos después de serlo antes. Y que también tuvieron la suerte de continuar viviendo en armonía en una ciudad mucho más próspera, como consecuencia de la eliminación de esos agentestransgresores de la felicidad, como era la gente inútil que poblaba El Anillo.
[14] Cuenta la leyenda que la amapola crece habitualmente en los camposantos.
Brotons había muerto antes de caer sobre Efrén. Numerosos agujeros llenados con plomo daban testimonio de ello. Ahora, su atormentada existencia se había extinguido dejando paso a un más que probable descanso en el apacible y tranquilo lugar al que las almas como la suya acudían tras la vida: las llamas del infierno; y éstas, jamás se extinguían.
Por su parte, Efrén ¿a dónde pensáis que fue a parar? Por lo pronto, su muerte había podido ser la finalista de un premio Pulitzer (si hubiera habido alguien vivo para fotografiar el momento en que la bandera, con mástil incluido, se colaba sin dificultad por su boca, saliendo con la misma rapidez por salva sea la parte, componiendo así una bellísima instantánea).
Queda a libre elección del lector si fue al cielo o al infierno. Todo depende de si creéis que el cielo puede aceptar entre sus filas a un ángel algo desequilibrado o no.
Sólo había una persona que esperaba la inesperada visita con absoluta tranquilidad. La única persona que, probablemente, estaba a la altura del trastorno mental del necropolita.
P. Brotons conocía la única manea de enfrentarse a la amenaza que él mismo había creado. De nada serviría la fuerza bruta y por ello había ordenado a la policía que permaneciese al márgen de la contienda por muchas llamadas desesperadas que recibiese.
Como los viejos villanos de los cómics, Brotons, había entrenado su mente para obtener los más óptimos resultados con el mínimo esfuerzo, aunque para ello tuviera que sacrificar la vida de algunos ciudadanos.
Vio aparecer a Efrén en una furgoneta flanqueada de mesitas de café, ya no tan blancas, a las que a su vez se habían incorporado unos pares de cadáveres chorreantes. Las miguitas de pan con que Brotons había sembrado el camino dieron su fruto. Tenía a Efrén justo donde quería y se felicitaba a sí mismo de haber urdido un plan tan efectivo en los apenas 30 minutos de los que dispuso tras la noticia de la fuga del desquiciado del pantano.
Con sus poderosos brazos abrió el balcón principal del consistorio. En el interior del despacho, su acólito Dyango, sería testigo de excepción de la destrucción total de la que había sido su más importante obra como profesional de la psicología.
Efrén avistó en lo alto de la fortaleza cómo una gigantesca llamarada de veinte metros incineraba las puertas del balcón central.
«¿Será un dragón?» rumió Efrén mientras asía con más fuerza a María. Estaba ansioso por descubrir la forma que habría adoptado el diablo en aquella ocasión y, mientras esperaba, decidió disparar a los estómagos de los que, estupefactos, rodeaban el vehículo con expresión incrédula.
Su carroza fue elevada unos palmos sobre el suelo por los ángeles belicosos que formaban su particular ejército. Seguía disparando a la vez que el coro de querubines dio vueltas en espiral levantando el vuelo. Esta vez la melodía entonada era un singular “twist and shout” muy apropiado para la ocasión: “twist” para Efrén; “shout” para la gente.
De repente sonó una voz llenando toda la plaza de Baix. Efrén detuvo su baile con un par de detonaciones secas sobre los oficinistas que, en la segunda planta, estaban ahora a su altura. Encaró el vehículo hacia el Ayuntamiento.
Saliendo a la luz del sol, Brotons, levantó el dedo, señalando a Efrén desde lo alto. A continuación exclamó — Martínez, volverás a regurgitar gusanos — soltando una amplia carcajada algo forzada.
La figura andrajosa que conducía el modificado furgón del Ayuntamiento quedó paralizado unos instantes. Se podía adivinar bajo las barbas de aquel sujeto una repentina lividez de auténtico terror. Efrén Martínez había vuelto a la época del colegio con una simple frase. La voz volvió a clamar:
— Martínez, ¿recuerdas quién soy?
El demonio traspasó el umbral de la puerta. La masa informe y nebulosa aparecía a la vez que el cielo gruñía lanzando meteoros incandescentes. La tierra temblaba ante la horrenda visión del demonio en su forma primigenia. Monstruosos brazos atestados de tentáculos ondeaban intentando golpear a los alados acompañantes del salvador.
Las numerosas bocas que emergían una y otra vez del bloque carnoso gritaron — Martínez, volverás a regurgitar gusanos —. Algo se tambaleó definitivamente dentro de Efrén. Varias imágenes acudieron presurosas a respaldar tamaña afirmación (¿Martínez?). Dejó a un lado estos pensamientos dándoles un golpe con el codo y se centró en la bestia maligna, absoluto foco de maldad e inmundicia. María pugnaba por derramar el viscoso líquido vital que recorría las podridas venas de su adversario. ¡CLAC, CLAC!
Brotons veía cómo el descarado Efrén osaba a desafiarle, pues estaba cargando su arma, haciendo caso omiso a la presa mental que acababa de lanzarle. Miró a Dyango interrogándole fugaz y mentalmente: “¿Qué coño está pasando? ¿Por qué no se viene abajo?”.
Dyango aterrorizado salió al balcón, abrió la boca para explicarse: “estee…, pero…”. Una inesperada ráfaga de plomo le arrebató la capacidad del habla, quedando extendido a los pies del concejal. Brotons sabía que la próxima sería para él. Con un vertiginoso movimiento que en nada hacía honor a su envergadura, sacó de sus guías una de las tres banderas que ornaban el balcón. Por supuesto la de España. Besando el escudo se encaramó a la barandilla y preso de una furia sádica saltó empuñando el mástil hacia Efrén.
El dolor que preveía iba a causar y a sufrir fue demasiado intenso como para ignorarlo. Las puertas del placer estaban abiertas.
El viscoso espanto hizo crecer su enorme y alargado cuerno desde lo más profundo de sus entrañas, mientras aumentaba su volumen. Efrén se encomendó a Dios antes del supremo momento del martirio, pues sabía que debía morir.
El sol fue tapado totalmente por la voluminosa masa que rebosaba por el balcón. El demonio había saltado a por él. María lo recibió con una frenética sucesión de descargas atronadoras. Efrén estaba preparado para la cornada final y su propia salvación.
“LET THE SUN SHINE,
LET THE SUN SHINE,
THE SUN SHINE IN…”
[12] “Aquí yace la liebre”. Expresión que equivale a “ésta es la madre del cordero”.
Efrén era feliz. Su sueño se convertía en realidad. EL CASTIGO era administrado con MAESTRÍA y la sensación de estar sirviendo al cielo poblaba su mojada entrepierna en unos cada vez más caudalosos efluvios de líquido viscoso. Aunque atrás quedaba la Glorieta, estaba en la gloria. En otros tiempos habría sido reprimido por numerosos efectivos de las fuerzas del orden, pero en aquel momento, ni un solo policía o guardia civil asomaba el rostro por allá donde pasaba su particular “VUATIR” apisonador. De todas formas su objetivo estaba tan claro que no podía parar a meditar sobre otros extremos que no fuesen: MATAR Y DESTRUIR. Pero… ¿no era su labor la de SALVAR? Todo Estaba muy confuso. El baño de sangre había trastocado su ya de por sí confuso razonamiento.
«¿Me pregunto cosas? Chapas amarillas corren volteadas por la jeringa. ¿Leilo? ¿Perdonar? ¿Puños y borreguitos bastardos? El buey ya no escupe como antes y sus alas aterran sin bolígrafos.»
Efrén volvió a concentrarse: la Corredora estaba atestada de infectos. ¡¡BRUMM, BRUMM!! Retenía la furia del vehículo con el pedal de freno y disfrutaba de una excelente panorámica del rebaño de ovejitas que había de conducir al sangriento redil. Puso la primera y no dejó de acelerar hasta impactar con los primeros cuerpos. De nuevo la sonrisa diabólica de Efrén iluminaba su rostro, aterrorizando si cabe aún más a los que ya sabían hace tiempo que el fin se acercaba. Una mirada complaciente dirigió a sus compañeros, los ángeles blancos que también repartían de lo lindo. Éstos poseían unos esbeltos brazos que clavaban, arrastrando y magullando cientos de moribundos. Un neumático reventó, sin embargo esto no fue ningún impedimento para Efrén, sino todo lo contrario, ya que la desnuda llanta de aluminio demostró su valía ante situaciones adversas: no sólo permitía el avance de la furgoneta, sino que decapitaba y mutilaba cuerpos con mucha mayor facilidad de lo que lo hacían sus otras tres hermanas de caucho. Efrén no entendía por qué gritaban los que a su alrededor iban siendo abatidos. ¡¿Acaso no le agradecían sus tremendos esfuerzos por librarles del purgatorio?!
Estrelló el vehículo contra un comercio de dos plantas. Después de pasear sobre varios cadáveres y rematar el destino que Dios les había dictado, fue a topar contra los probadores en los que ilusos infectos intentaban ocultarse tras las cortinas, las cuales, enseguida fueron tiñéndose de oscuras manchas brillantes. Cada vez más grandes a cada nueva embestida. Dio marcha atrás rápidamente a pesar de los baches y siguió su camino. El Ayuntamiento se alzaba ya en lontananza.
Una gran multitud de ilustres ciudadanos del anillo paseaba tranquilamente por las calles de la Corredora. La “compra” o “shopping” se había convertido hacía algunos años, en algo parecido a un deporte y ya había verdaderos expertos en el tema. Incluso se rumoreaba la posible inclusión de esta actividad como disciplina olímpica en los próximos juegos, dada su amplia difusión y aceptación (y el tamaño de las billeteras de los que practicaban).
Una furgoneta blanca del Ayuntamiento surgió del carrer Ample, y casi como una exhalación, subió a la acera de la Glorieta. Llevaba enganchadas varias mesas blancas de terraza por detrás, por delante y a los flancos. Apenas unos instantes después la Corredora fue invadida por fuertes gritos. Aquella furgoneta circulaba en dirección contraria. ¡Y atropellaba a todo viandante que se cruzaba en su camino!
Los “¡Auxilio!”, “¡Socorro!” y “¡O sea!” que los “shoppers” proferían, no alcanzaban en apariencia al conductor del vehículo, el cual, seguía estampando los cuerpos que interceptaba contra el suelo o la pared. Algunos quedaban prendidos de los hierros de las mesas. Otras personas pudieron ver el rostro del asesino: ¡parecía un simple mendigo!, aunque había algo en su mirada…
En Massimo Dutti, las destrozadas lunas del escaparate habían seccionado el cuerpo de una muchacha que mientras se desangraba observaba cómo la planta de debajo de Zara era tomada por la destrucción. Vestidos, jerseys y móviles volaban junto a brazos, piernas y orejas en un ballet sanguinoliento y cruel. ¡Habrá llegado el Apocalípsis al paraíso de las VISA ORO!
Comenzaron a oírse detonaciones.
El sujeto de la furgoneta había bajado la ventanilla y, a través de ella hacía escupir fuego a una terrible y gran escopeta. Todos morían agónicamente bajo las ruedas o bajo las balas del inesperado ejecutor que unos momentos antes había irrumpido en las tranquilas y onerosas vidas de los habitantes del centro urbano.
Siempre he oído oír de Bukowsky, pero nunca lo había leído. Ahora que ya llevo unos cuantos puedo asegurar que es probablemente uno de los autores más divertidos que me he encontrado. Sin embargo... sin embargo nadie me habló de él en el instituto. Los profesores siguen enseñando poemas de Garcilaso y losas como El Lazarillo de Tormes, que nada tienen que ver con la realidad de un adolescente del siglo XXI. No digo que sean malos, digo que si el objetivo de las asignaturas de literatura en el instituto es fomentar la lectura, crear el embrión de un futuro lector, entonces están siguiendo el camino exactamente contrario. Y a las pruebas me remito, creo que no es ningún secreto para nadie que el analfabetismo está creciendo preocupantemente en España. Es ya muy difícil encontrar a un universitario que escriba sin faltas de ortografía o que sepa aprehender un texto.
Un adolescente quiere sexo y violencia: de modo que démosle sexo y violencia si queremos que siga leyendo. Alguien podrá pensar que esto es una locura, y que tendría el mismo efecto que la televisión. Pero mi teoría es muy sencilla: si la vía por la que le damos sexo y violencia es el libro, el monstruo que hemos creado será un monstruo inteligente, y no un monstruo estúpido que es el que generan las televisiones. Y no es lo mismo. Es sabido que más peligroso que un malvado es un estúpido. El monstruo de los libros sabrá distinguir sus lecturas de la realidad, ya que habremos desarrollado en él su capacidad de razonar e imaginar. Una vez habituado a la lectura, tarde o temprano irá dejando de lado esos textos y comenzando a interesarse por cosas de más enjundia.
Aquí hablo de Bukowski, pero hay otros muchos autores que serían infinitamente mejores que seguir con el sistema actual de obligar al alumno a memorizar las obras de Manuel Machado. Es un acto de crueldad infinita que una persona sepa esas cosas y en cambio jamás haya oído hablar de un tal Benedetti; o de un tal Borges; o del mejor cuento de amor de la historia, "La invención de Morel" de Bioy Casares. Hay un autor español, vivo, que encaja a la perfección con el lector juvenil, se llama Ray Loriga, y espero que algún profesor perdido de secundaria se digne en leerlo y recomendarlo si fuera menester.
No se trata pues de evitar la creación de monstruos: los monstruos son inevitables. Se trata de cultivar sus neuronas para que sea él quien elija su sino.
Ahora bien, si de lo que se trata no es de fabricar lectores potenciales... si de lo que se trata es de saberse las respuestas de las preguntas del Trivial... entonces adelante, sigan por la diáfana senda por donde han ido los muchos lerdos que en el mundo han sido, sigan llenando a este país y a este mundo de títeres acéfalos.
Aquí os dejo esta divertidísima joya de Bukowski:
A LA PUTA QUE SE LLEVÓ MIS POEMAS " Algunos dicen que debemos eliminar del poema los remordimientos personales, permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero ¡POR DIOS! ¡Doce poemas perdidos y no tengo copias! ¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores! ¡Es intolerable!
¿Tratas de joderme como a los demás? ¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos en el rincón. La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50, pero no mis poemas.
No soy Shakespeare pero puede ser que algún día ya no escriba más, abstractos o de los otros. Siempre habrá dinero y putas y borrachos hasta que caiga la última bomba, pero como dijo Dios, cruzándose de piernas: veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía. "
Ayer bajé a tomar café y como no tenían un periódico normal, no tuve más remedio que coger el Marca. Enfoqué la situación con la actitud de un entomólogo que tiene en sus manos un nuevo ejemplar de artrópodo en Tasmania, o como un juador de futbol que se encuentra uno de los libros perdidos de Tácito en los aseos de una discoteca. Empecé a leerlo por detrás, como hago con todos los periódicos, y me encontré una sorpresa. Había una noticia sobre rejoneo y toros. Como no me gusta el fútbol, me puse a leer esta crónica porque sí (razonamiento indebatible que uso muy a menudo). Me encontré con que la literatura con que estaba redactada era sencillamente exquisita. Un montón de palabras cargadas de musicalidad, muchas metáforas y un claro tino en las significaciones. Infinitamente superior a las crónicas de cualquier otro "deporte".
PD: Mi opinión sobre los toros me la reservo para otro día.
Efrén volvió a subir al vehículo e inmediatamente enfiló a toda velocidad la cuyo nombre premonizaba el final de su gesta: Victoria Kent. La gente de las aceras se abalanzaba sobre la furgoneta para, según Efrén, alcanzar más rápidamente el cielo que su mesías les traía tan amablemente. Sin excepciones de raza, sexo, religión o edad, todos eran salvados con embestidas del metálico corcel que Efrén cabalgaba. Sabía muy bien que los gritos de los niños eran una muestra de que habían alcanzado el estado de máxima excitación mística, propia de los estados próximos a la DIVINIDAD. Efrén estaba emocionándose y enormes lágrimas brotaban de sus cansados ojos de dilatadas pupilas. ¡Era tan bella su labor! Pero sabía que aquél que le encomendó el mandato no podía abandonarle en aquellos instantes apocalípticos en los que por fin culminaba su grandiosa hazaña, Tarde o temprano la mano del hacedor se manifestaría físicamente. Estaba llegando a las proximidades del C.P. Baix Vinalopó. Eran los primeros días del curso y muchos colegiales se agolpaban a la salida del centro, esperando, probablemente, que Efrén se apiadase de ellos — ¡¡Dejad que los niños se acerquen a mí!! — gritaba Efrén citando al que había sido su ejemplo en su nueva vida de total entrega a los demás. Traqueteando por las escaleras de bajada, la furgoneta atrajo los cuerpos de los niños. Sus brazos abiertos eran sin duda la expresión de la alegría con que recibían su martirizante bautismo de dolor. «¡Mmmmm!» cierto placer fetichista aparecía en la entrepierna de Efrén al oir el CRUNCH, CRASH, BLUMP con que sus víctimas le obsequiaban. Era una sublime sinfonía la que se arremolinaba bajo las ruedas de la furgoneta.
Seguro que fue voluntad divina que el puente de Altamira estuviese casi totalmente vacío, puesto que al girar Efrén hacia él, avistó en la lejanía el diligente ejército de ángeles inmaculados que esperaban para conducirle con menor dificultad hasta el lugar de la batalla final. Sonaban las celestiales campanas de Sta. María. Efrén pensó «Dios ha elegido expresamente este Día». Los bellísimos cantos de la representación extraordinaria de El Misteri seguían el compás de las mareas mentales de Efrén. Recorrió a toda velocidad la plaza del Congreso Eucarístico y una gran cantidad de ángeles blancos se unieron a su montura y alargando robustos brazos, casi metálicos, ensartaban los numerosos cuerpos de infelices infectos que allí se congregaban. Efrén tuvo que dar varias pasadas para asegurarse de que el trabajo quedaba bien hecho, aunque sabía que aún no había llegado al foco definitivo de infección y no debía demorarse.
Por el carrer ample llegó enseguida a la acogedora Glorieta, donde un pequeño tic le recordó cierta clase de gente que poblaba estos lares, aquellos que deambulaban por la Corredora, entrando y saliendo frenéticamente de los numerosos comercios conde a cambio de billetes despachaban cosas.
Efrén soñaba a menudo. Pero no eran los suyos sueños… apacibles. Más bien todo lo contrario. Debido al profundo desorden psíquico que padecía, pronto su realidad fue destruida como referente y materia prima para la fabricación del subconsciente onírico. Sí, Efrén estaba muy loco, y sus sueños provenían del conjunto de sensaciones que experimentaba al matar, las cuales habían creado un extraño entramado sin ley ni orden, un mundo donde sólo había un personaje principal [11], acompañado por gran número de víctimas de diversa índole. La noche anterior al despertar de Efrén, su sueño había sido éste:
«Amanece un nuevo día. Me levanto. Estoy en una habitación blanca. Salgo de la habitación. Estoy en el salón. Muebles blancos, paredes blancas. No me gusta. Llaman a la puerta TOC, TOC. Abro la puerta blanca. Veo una urbanización de casas blancas y un lechero dice que es el lechero. Un tipo blanco con una botella de vidrio de leche blanca y los dientes muy blancos. Tengo que pagarle. “¿Pa… garle?” No. Tengo que “pegarle”. Patada en la barriga. Respira entrecortadamente. Vuelvo a ello. Puñetazo en la boca. Grita ¡Ayuda! No sale sangre. Eso me enfurece. He de coger la botella y estampársela en la cara. Ahora sí sale sangre. Pero no sólo del lechero. De todas partes. Las casas blancas se vuelven rojas. Las paredes se tiñen de oscuro. Se hace la noche. El lechero cae a mis pies. Está muriendo. Miro al cielo. La luna está muy grande. Pero… maldita sea. La puta está blanca. Aúllo profundamente, como un lobo. Oigo delirar al lechero. Mucha sangre. Debajo de él… junto a mis pies. Roja y espesa. Caliente… Me doy cuenta de que estoy desnudo. Me acuesto sobre el charco que ha dejado el lechero. Me embadurno. Vuelvo a mirar a la luna, y esta vez no la veo. Afino la vista. Sí que está, pero ahora es un agujero. Un agujero negro. Me atrae. Atrae todo lo que se ve. Las casas vuelan, los coches vuelan. Palmeras, bicicletas. No hay personas. Sólo distingo los restos del maltrecho lechero entre el barullo. No tengo miedo. Pero voy a morir. Siento frío. Ya estoy dentro y no he muerto. Estoy, estoy… estoy despierto.»
Efrén había hecho tres cosas inesperadas (inesperadas para los que vigilaban) aquella bella y soleada mañana de mediados de septiembre:
- Levantarse antes de tiempo [10]. - Matar a los obreros de siempre, aunque también a los conductores de la ambulancia y a los tres mercenarios que aparecieron después tras las colinas. - Fijarse en que el cartel que normalmente colgaba de la parte de atrás de las ambulancias ya no decía “infectados de gripe”, sino “trabajos del Ayuntamiento”.
Como consecuencia de tales cambios en la rutina, Efrén decidió actuar según su instinto. Y su instinto le decía que de allí de donde provenía la ambulancia había muchos más infectados. “Trabajos del Ayuntamiento”. Sí, Elche sería el comienzo de su nueva etapa: la salvación a gran escala. Se estremeció de placer sólo de pensarlo. Pero, ¿estaba bien disfrutar de la labor encomendada? Un par de voces le gritaron que sí con tal fuerza que Efrén dio un pequeño respingo hacia atrás, topándose con la ambulancia. Al cabo de un instante Efrén se vio a sí mismo conduciendo el vehículo en dirección al centro de la ciudad. Casualmente todos los coches iban en dirección contraria a la suya. «¡Claro, la gripe!», pensó. No se entretuvo demasiado en arrojar a la cuneta a aquellos conductores, pues su labor se centraría en el foco de infección, un lugar llamado Ayuntamiento.
— ¡Señora, ¿por donde se va a este lugar? — señalando el cartel. — Señor, usted debe estar enfermo… — contestó una amable y temblorosa viejecita que había observado la evoluciones en la circulación de Efrén. — ¡¿Enfermo?! Usted es la que está enferm — BOUM.
Los sesos y otras partes no identificables de la viejecita rociaban con alegría el escaparate de una tienda de repuestos para motos. Era increíble, nadie parecía darse cuenta de su propia enfermedad. Dos fornidos mecánicos salieron con sendas llaves inglesas en dirección a la furgoneta. Efrén los vio venir y antes de proseguir con su frenético tour bajó a la calzada, propinándole un sonoro mordisco en la nariz a uno de ellos, mientras colocaba (LA BOCA DE MARÍA) el cañón de su escopeta en los testículos del otro. Y apretó el gatillo.
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[10]Probablemente debido a una habituación fisiológica a las drogas que le suministraban a diario en las comidas que encontraba “por casualidad” tras sus incursiones.
Pablo Brotons observaba la plaza del Ayuntamiento a través de una de las ventanas del antiguo edificio consistorial. Sí, aquellos viandantes, aquellas pequeñas hormiguitas allí abajo nada sabían de su macabro plan… Hacía rato que estaba en el despacho, cómodamente apoltronado en su sillón de cuero, intentando machacársela con una revista pornográfica barata. Realmente no lo conseguía y eso estaba empezando a convertirse en un problema habitual: la edad, pensaba. De repente, un zumbido, y la voz de la secretaria anunciando una visita inesperada.
— Hazlos pasar, chata. Brotons observó cómo dos de sus guardaespaldas franqueaban la puerta agachándose un poco para no impactar con sus cabezas en el dintel. Delante de ellos, un chico vestido con ropas neo-hippies intentaba zafarse de las manos que lo agarraban. Estaba visiblemente asustado. — ¿Qué ocurre? — inquiría Brotons, algo molesto, pues había tenido el tiempo justo para guardar su herramienta. — Este tipo estaba echando fotos en el pantano. Lo hemos pillado esta mañana — contestó una de las torres humanas. — ¡Soy ornitólogo! ¡Estudio las aves! ¡Qué hay de malo en ello, señor! ¡Esto es ilegal, no pueden detenerme así porque sí! ¡Ni siquiera son policías! ¡AY!
Uno de los guardaespaldas había hecho callar al fotógrafo con una magnífica presa en el brazo. Brotons se acercó, al compás del vaivén de sus apretadas carnes, y le cogió una oreja al individuo, que trató de escapar otra vez, inútilmente.
— ¿Así que te gusta meter las narices donde no te llaman, eh majete? — susurró el concejal al oído del muchacho. — Ahora te voy a enseñar yo cómo tratamos a los que se cuelan en la fiesta sin invitación.
El muchacho intentó gritar, desesperado, pero su petición de auxilio se ahogó con un sonoro puñetazo en el vientre cortesía de Brotons que, a continuación, le propinó varios golpes más en la cara hasta tirarlo al suelo, donde el pobre desgraciado descubriría la extrema dureza de los zapatos Martinelli al contacto con sus huesos. Por su parte, Brotons, acababa de notar cómo una contundente erección pugnaba por salirse de sus pantalones. Por fin estaba tranquilo. ¡Su dignidad como hombre estaba asegurada!
Aquí está la relación de datos que me pediste. Tal y como te prometí he incluido también las especulaciones sobre los cadáveres que encontramos en la zona referida. Según nuestras fuentes de información podríamos incluir entre los decesos, las víctimas del accidente de autobús del centro privado concertado “Misionero Don Raphael”. Le atribuimos al mismo causante los cuerpos encontrados en el cieno del pantano, lo cual haría un total de 71 muertos no contabilizados en el análisis estadístico que expongo a continuación:
- Nº de bajas......................................... 288 - M2 de terreno abonado.................. 585 - Nº de árboles plantados.................. 65