El perro biónico
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El perro biónico
Hacía ya muchos años que el Robe no sacaba nada. La expectativa creada era desmesurada, así que fui como poseso a comprarlo -todavía quedan grupos a los que vale la pena no piratear. El caso es que llevo varios días oyéndolo y la decepción es bastante grande. No soy ningún nostálgico de esos que quieren que los grupos estén siempre haciendo lo mismo, lo bueno es que vayan evolucionando, así que creo que lo juzgo con un mínimo de objetividad. Y la verdad es que sólo hay una canción que se salva, el Tango Suicida, que tiene ciertos aires musicales al Pedrá, aunque las letras son bastante pobres. Y es que al Robe se le permiten muchas cosas, su trabajo le ha costado tener los galones de leyenda del rock nacional y de poeta urbano, pero si hay algo que no se puede admitir bajo ningún concepto es que las letras sean malas, muy malas. Sólo hay dos o tres frases en el CD que se salvan de la hoguera, lo cual es muy poco después de esta larga espera. No sé si será que desde que está en la SGAE vive de rentas y no necesita agudizar el ingenio, o que ya no se droga, no sé lo que pasa, pero desde luego algo está pasando porque no es normal que aquél de "...acabo de potar dentro de tu portal, si no te vuelvo a ver, algo te va a quedar..." termine haciendo un LP bastante mediocre. Como su título dice "Material defectuoso", mucho me temo que no son canciones nuevas, que son las canciones malas que nunca llegaron a entrar en los LPs. En fin, por si fuera poco, ahora resulta que dice que no tiene pensado hacer conciertos. Espero que sólo sea una ida de olla puntual y este verano empiece a recorrer España sacándole los colores a los alcaldes.
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Anónimo
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21:13
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"No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes..." pero yo ya me he despertado más de una mañana con esta cándida melodía resonando en mis calles:
tururíiiiiiiiiiiiiiiiiii tururuuuuuuuuuuuuuuuuu
Ya está aquí el afilador, y afila:
-cuchillos
-navajas
-tijeras
-hachas
-machetes
-toda clase de artículos de cocina
-máquinas de fiambre
tururíiiiiiiiiiiiiiiiiii tururuuuuuuuuuuuuuuuuu
La lástima es que se está perdiendo el glamour de la profesión: el tipo no es el de la foto, y no va en moto raída, sino en furgoneta, y ya por si faltaba poco para diezmar mi ánimo de lo añejo, la voz es una cinta grabada (¿qué digo una cinta? ¡un cedé!) que se repite una y otra vez. En realidad el bucle se perpetúa N veces, para acabar con lo poco de poético que le quedaba.
Como novedad, me llama la atención la caterva de instrumentos -que el inquisidor llama eufemísticamente heurísticos- para los que da servicio, destacando enormemente las "máquinas de fiambre", por su claro cariz tenebroso.
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Anónimo
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Anónimo
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Ayer soñé con Arizona Dream. Hacía años que no veía esta película, así que la tengo que ver otra vez. Salud y buenos alimentos.
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Anónimo
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John Milnor después de una sesión de Gran Hermano N.
Esferas exóticas de dimensión 3 para todo x perteneciente a los números complejos.
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Anónimo
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Anónimo
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Títulos de crédito de "Viva la muerte" de Fernando Arrabal.
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juan
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"A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas" - H.P. Lovecraft
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juan
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La traducción no es del todo exacta (interior, noche, risas), pero creo que hago justicia con el viejo Tom:
Se llevó todo mi dinero
y a mi mejor amigo
ya conoces la historia
aquí viene otra vez
no tengo orgullo
no tengo vergüenza
tienes que hacer que llueva
haz que llueva
desde que te has ido
duele ahí adentro
no soy más que otro triste huésped
en esta tierra oscura
quiero creer
en la caridad del mundo otra vez
haz que llueva
la noche está muy calmada
pasándoselo de lo lindo ella sola
necesito el látigo del trueno
y el oscuro quejido del viento
no soy Abel, sólo soy Caín
abre los cielos
haz que llueva
estoy cerca del cielo
estampado en la puerta
han afilado los cuchillos
en mis errores
lo que ha hecho esta chica no tiene nombre
tienes que hacer que llueva
haz que llueva
sin su amor
sin tu beso
el infierno no puede quemarme
más que esto
estoy encendiendo toda esta pena
apaga el fuego
haz que llueva
he nacido para los problemas
he nacido para el destino
del interior de una promesa
no se puede escapar
es el mismo viejo mundo
pero nada parece igual
haz que llueva
sigo solo aquí
canta
haz que llueva.
Y la sajona original:
She took all my money
And my best friend
You know the story
Here it comes again
I have no pride
I have no shame
You gotta make it rain
Make it rain!
Since you're gone
Deep inside it hurts
I'm just another sad guest
On this dark earth
I want to believe
In the mercy of the world again
Make it rain, make it rain!
The nite's too quiet
Stretched out alone
I need the whip of thunder
And the wind's dark moan
I'm not Able, I'm just Cain
Open up the heavens
Make it rain!
I'm close to heaven
Crushed at the gate
They sharpen their knives
On my mistakes
What she done, you can't give it a name
You gotta make it rain
Make it rain, yeah!
Without her love
Withour your kiss
Hell can't burn me
More than this
I'm burning up all this pain
Put out the fire
Make it rain!
I'm born to trouble
I'm born to fate
Inside a promise
I can't escape
It's the same old world
But nothing looks the same
Make it rain! [2x]
Got to make it rain
Make it rain
You got to make it rain
Got to make it rain
You got to...
I stand alone here! [2x]
Sing it...
Make it rain! [2x]
La verdad es que tiene que ser un espectáculo verlo en directo. Estuvo el año pasado en España (creo que por vez primera en su vida), y uno se entera tarde de estas cosas. Las entradas para Italia valían unos 400€ (que se mueran los Rolling y U2 robándole a la gente con espectáculos de luces y purpurina, Tom vale 4 veces más). A ver si estamos todos en alerta y la próxima vez que toque cerca nos enteramos.
No os perdáis la entrevista: entre otras cosas, dice que pilló a su hijo mayor diciéndole al pequeño "nunca le pidas a papá que te ayude con los deberes". La verdad, toda una lección del Maestro. El hombre va haciendo fotos de manchas de aceite de la carretera, aquí nos enseña una donde "claramente" se ve un caballo saltando una valla.
Tom nunca canta la misma canción igual dos veces. En la de este otro video se parece un poco más a la del CD de estudio, ya que no iba tan borracho. Creo que la voz de Joe Cocker se queda a la altura del betún (o de las manchas de aceite).
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Anónimo
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Epílogo II
Año 2030. El último modelo de la serie 9 BMW se deslizaba con sus turbinas aéreas silenciosas a lo largo de la nueva avenida hacia el Parque del Edén. Allí, un hombre divorciado, cuyo nombre no viene al caso, gozaría de un bonito domingo de asignación judicial de visitas con su amado hijo.
El camino se hizo excesivamente largo para ambos, a pesar de los esfuerzos del padre por sintonizar una emisora juvenil del agrado de su casi desconocido vástago, el cual era un visible fan de los “Fat Scorpion Boys”, un grupo de desafortunados quinceañeros que se vestían con trajes con aguijón. Éstos dejaban crecer su barriga hasta un volumen más que considerable, siendo su consigna: “Mi grasa es tu veneno”, al ritmo de las frecuencias ultrabajas que tan de moda permanecían desde el año ’25 y que producía una sensación de vértigo en el estómago, mientras que los oídos parecían no percibir nada.
Aparcaron junto a la inmensa pérgola que cubría por completo el espacio para comidas del parque, el antaño modesto merendero del pantano de Elche. Tras bajar del coche desplegaron una impoluta manta de picnic para una perfecta y programada sesión padre-hijo. El rollizo infante se apresuró a desempaquetar las numerosas provisiones ante el asombro de su progenitor, «estos chicos con sus modas…» pensó el hombre. Éste sabía que cuando acabara el ágape, y tras la rigurosa pastilla de obesidad, mostraría a su hijo, orgulloso, el sublime vergel que constituía la zona conocida como Plaza de D. Pablo Brotons.
Se relamía con sólo pensar en el momento en que le narraría a su hijo la historia del heroico concejal, el cual había acondicionado los terrenos que ahora pisaban para que pudieran ser disfrutados por los “landers”[13]; y además, y lo que es más importante, había salvado a la ciudad del iracundo ataque de un funesto desequilibrado allá por el año 2010. Sí, en Elche los héroes eran de buena madera.
El jardín que pronto visitarían tenía en su haber numerosas especies vegetales que crecieron desmesuradamente gracias a un abono especial desarrollado “ad hoc” por los científicos. «Este logro ha supuesto un importante sacrificio para la generosa población ilicitana, pero ha valido la pena». Estas palabras quedaron grabadas en la memoria del orgulloso cuarentón y tenía planeado repetírselas literalmente en su perorata posterior a su amado chavalín.
A través de los infinitos campos de frutales poblados aquí y allá por numerosas amapolas[14], se acercarían hasta el indiscutible centro del complejo, el monumento a P. Brotons, en cuyo pedestal rezaba una placa:
“Año MMXI, la ciudad de Elche en agradecimiento al ilustrísimo concejal Don Pablo Borja Brotons de Montalbo y Aznar, por sus servicios prestados a la sociedad ilicitana, cuyo fruto se alza ahora majestuoso en esta anteriormente desaprovechada localización. Así mismo, que esta estatua sirva para recordar no al político, sino al hombre, el ciudadano, el héroe, que murió por salvar el ideal de una ciudad buena, una ciudad sin pobreza, una ciudad fuerte, en definitiva: UNA CIUDAD LIMPIA.”
Fin
[13] Nombre que recibieron los afortunados personajes que siguieron siendo ricos después de serlo antes. Y que también tuvieron la suerte de continuar viviendo en armonía en una ciudad mucho más próspera, como consecuencia de la eliminación de esos agentes transgresores de la felicidad, como era la gente inútil que poblaba El Anillo.
[14] Cuenta la leyenda que la amapola crece habitualmente en los camposantos.
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Epílogo I
Brotons había muerto antes de caer sobre Efrén. Numerosos agujeros llenados con plomo daban testimonio de ello. Ahora, su atormentada existencia se había extinguido dejando paso a un más que probable descanso en el apacible y tranquilo lugar al que las almas como la suya acudían tras la vida: las llamas del infierno; y éstas, jamás se extinguían.
Por su parte, Efrén ¿a dónde pensáis que fue a parar? Por lo pronto, su muerte había podido ser la finalista de un premio Pulitzer (si hubiera habido alguien vivo para fotografiar el momento en que la bandera, con mástil incluido, se colaba sin dificultad por su boca, saliendo con la misma rapidez por salva sea la parte, componiendo así una bellísima instantánea).
Queda a libre elección del lector si fue al cielo o al infierno. Todo depende de si creéis que el cielo puede aceptar entre sus filas a un ángel algo desequilibrado o no.
“El hombre es un lobo para el hombre”.
Montesquieu
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juan
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XXIX
“hic iacet lepus” [12]
Sólo había una persona que esperaba la inesperada visita con absoluta tranquilidad. La única persona que, probablemente, estaba a la altura del trastorno mental del necropolita.
P. Brotons conocía la única manea de enfrentarse a la amenaza que él mismo había creado. De nada serviría la fuerza bruta y por ello había ordenado a la policía que permaneciese al márgen de la contienda por muchas llamadas desesperadas que recibiese.
Como los viejos villanos de los cómics, Brotons, había entrenado su mente para obtener los más óptimos resultados con el mínimo esfuerzo, aunque para ello tuviera que sacrificar la vida de algunos ciudadanos.
Vio aparecer a Efrén en una furgoneta flanqueada de mesitas de café, ya no tan blancas, a las que a su vez se habían incorporado unos pares de cadáveres chorreantes. Las miguitas de pan con que Brotons había sembrado el camino dieron su fruto. Tenía a Efrén justo donde quería y se felicitaba a sí mismo de haber urdido un plan tan efectivo en los apenas 30 minutos de los que dispuso tras la noticia de la fuga del desquiciado del pantano.
Con sus poderosos brazos abrió el balcón principal del consistorio. En el interior del despacho, su acólito Dyango, sería testigo de excepción de la destrucción total de la que había sido su más importante obra como profesional de la psicología.
Efrén avistó en lo alto de la fortaleza cómo una gigantesca llamarada de veinte metros incineraba las puertas del balcón central.
«¿Será un dragón?» rumió Efrén mientras asía con más fuerza a María. Estaba ansioso por descubrir la forma que habría adoptado el diablo en aquella ocasión y, mientras esperaba, decidió disparar a los estómagos de los que, estupefactos, rodeaban el vehículo con expresión incrédula.
Su carroza fue elevada unos palmos sobre el suelo por los ángeles belicosos que formaban su particular ejército. Seguía disparando a la vez que el coro de querubines dio vueltas en espiral levantando el vuelo. Esta vez la melodía entonada era un singular “twist and shout” muy apropiado para la ocasión: “twist” para Efrén; “shout” para la gente.
De repente sonó una voz llenando toda la plaza de Baix. Efrén detuvo su baile con un par de detonaciones secas sobre los oficinistas que, en la segunda planta, estaban ahora a su altura. Encaró el vehículo hacia el Ayuntamiento.
Saliendo a la luz del sol, Brotons, levantó el dedo, señalando a Efrén desde lo alto. A continuación exclamó — Martínez, volverás a regurgitar gusanos — soltando una amplia carcajada algo forzada.
La figura andrajosa que conducía el modificado furgón del Ayuntamiento quedó paralizado unos instantes. Se podía adivinar bajo las barbas de aquel sujeto una repentina lividez de auténtico terror. Efrén Martínez había vuelto a la época del colegio con una simple frase. La voz volvió a clamar:
— Martínez, ¿recuerdas quién soy?
El demonio traspasó el umbral de la puerta. La masa informe y nebulosa aparecía a la vez que el cielo gruñía lanzando meteoros incandescentes. La tierra temblaba ante la horrenda visión del demonio en su forma primigenia. Monstruosos brazos atestados de tentáculos ondeaban intentando golpear a los alados acompañantes del salvador.
Las numerosas bocas que emergían una y otra vez del bloque carnoso gritaron — Martínez, volverás a regurgitar gusanos —. Algo se tambaleó definitivamente dentro de Efrén. Varias imágenes acudieron presurosas a respaldar tamaña afirmación (¿Martínez?). Dejó a un lado estos pensamientos dándoles un golpe con el codo y se centró en la bestia maligna, absoluto foco de maldad e inmundicia. María pugnaba por derramar el viscoso líquido vital que recorría las podridas venas de su adversario. ¡CLAC, CLAC!
Brotons veía cómo el descarado Efrén osaba a desafiarle, pues estaba cargando su arma, haciendo caso omiso a la presa mental que acababa de lanzarle. Miró a Dyango interrogándole fugaz y mentalmente: “¿Qué coño está pasando? ¿Por qué no se viene abajo?”.
Dyango aterrorizado salió al balcón, abrió la boca para explicarse: “estee…, pero…”. Una inesperada ráfaga de plomo le arrebató la capacidad del habla, quedando extendido a los pies del concejal. Brotons sabía que la próxima sería para él. Con un vertiginoso movimiento que en nada hacía honor a su envergadura, sacó de sus guías una de las tres banderas que ornaban el balcón. Por supuesto la de España. Besando el escudo se encaramó a la barandilla y preso de una furia sádica saltó empuñando el mástil hacia Efrén.
El dolor que preveía iba a causar y a sufrir fue demasiado intenso como para ignorarlo. Las puertas del placer estaban abiertas.
El viscoso espanto hizo crecer su enorme y alargado cuerno desde lo más profundo de sus entrañas, mientras aumentaba su volumen. Efrén se encomendó a Dios antes del supremo momento del martirio, pues sabía que debía morir.
El sol fue tapado totalmente por la voluminosa masa que rebosaba por el balcón. El demonio había saltado a por él. María lo recibió con una frenética sucesión de descargas atronadoras. Efrén estaba preparado para la cornada final y su propia salvación.
“LET THE SUN SHINE,
LET THE SUN SHINE,
THE SUN SHINE IN…”
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XXVIII
Efrén era feliz. Su sueño se convertía en realidad. EL CASTIGO era administrado con MAESTRÍA y la sensación de estar sirviendo al cielo poblaba su mojada entrepierna en unos cada vez más caudalosos efluvios de líquido viscoso. Aunque atrás quedaba
«¿Me pregunto cosas? Chapas amarillas corren volteadas por la jeringa. ¿Leilo? ¿Perdonar? ¿Puños y borreguitos bastardos? El buey ya no escupe como antes y sus alas aterran sin bolígrafos.»
Efrén volvió a concentrarse:
Estrelló el vehículo contra un comercio de dos plantas. Después de pasear sobre varios cadáveres y rematar el destino que Dios les había dictado, fue a topar contra los probadores en los que ilusos infectos intentaban ocultarse tras las cortinas, las cuales, enseguida fueron tiñéndose de oscuras manchas brillantes. Cada vez más grandes a cada nueva embestida. Dio marcha atrás rápidamente a pesar de los baches y siguió su camino. El Ayuntamiento se alzaba ya en lontananza.
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juan
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XXVII
Una gran multitud de ilustres ciudadanos del anillo paseaba tranquilamente por las calles de
Una furgoneta blanca del Ayuntamiento surgió del carrer Ample, y casi como una exhalación, subió a la acera de
Los “¡Auxilio!”, “¡Socorro!” y “¡O sea!” que los “shoppers” proferían, no alcanzaban en apariencia al conductor del vehículo, el cual, seguía estampando los cuerpos que interceptaba contra el suelo o la pared. Algunos quedaban prendidos de los hierros de las mesas. Otras personas pudieron ver el rostro del asesino: ¡parecía un simple mendigo!, aunque había algo en su mirada…
En Massimo Dutti, las destrozadas lunas del escaparate habían seccionado el cuerpo de una muchacha que mientras se desangraba observaba cómo la planta de debajo de Zara era tomada por la destrucción. Vestidos, jerseys y móviles volaban junto a brazos, piernas y orejas en un ballet sanguinoliento y cruel. ¡Habrá llegado el Apocalípsis al paraíso de las VISA ORO!
Comenzaron a oírse detonaciones.
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XXVI
Efrén volvió a subir al vehículo e inmediatamente enfiló a toda velocidad la cuyo nombre premonizaba el final de su gesta: Victoria Kent.
La gente de las aceras se abalanzaba sobre la furgoneta para, según Efrén, alcanzar más rápidamente el cielo que su mesías les traía tan amablemente. Sin excepciones de raza, sexo, religión o edad, todos eran salvados con embestidas del metálico corcel que Efrén cabalgaba. Sabía muy bien que los gritos de los niños eran una muestra de que habían alcanzado el estado de máxima excitación mística, propia de los estados próximos a la DIVINIDAD. Efrén estaba emocionándose y enormes lágrimas brotaban de sus cansados ojos de dilatadas pupilas. ¡Era tan bella su labor! Pero sabía que aquél que le encomendó el mandato no podía abandonarle en aquellos instantes apocalípticos en los que por fin culminaba su grandiosa hazaña, Tarde o temprano la mano del hacedor se manifestaría físicamente.
Estaba llegando a las proximidades del C.P. Baix Vinalopó. Eran los primeros días del curso y muchos colegiales se agolpaban a la salida del centro, esperando, probablemente, que Efrén se apiadase de ellos — ¡¡Dejad que los niños se acerquen a mí!! — gritaba Efrén citando al que había sido su ejemplo en su nueva vida de total entrega a los demás.
Traqueteando por las escaleras de bajada, la furgoneta atrajo los cuerpos de los niños. Sus brazos abiertos eran sin duda la expresión de la alegría con que recibían su martirizante bautismo de dolor. «¡Mmmmm!» cierto placer fetichista aparecía en la entrepierna de Efrén al oir el CRUNCH, CRASH, BLUMP con que sus víctimas le obsequiaban. Era una sublime sinfonía la que se arremolinaba bajo las ruedas de la furgoneta.
Seguro que fue voluntad divina que el puente de Altamira estuviese casi totalmente vacío, puesto que al girar Efrén hacia él, avistó en la lejanía el diligente ejército de ángeles inmaculados que esperaban para conducirle con menor dificultad hasta el lugar de la batalla final.
Sonaban las celestiales campanas de Sta. María. Efrén pensó «Dios ha elegido expresamente este Día». Los bellísimos cantos de la representación extraordinaria de El Misteri seguían el compás de las mareas mentales de Efrén.
Recorrió a toda velocidad la plaza del Congreso Eucarístico y una gran cantidad de ángeles blancos se unieron a su montura y alargando robustos brazos, casi metálicos, ensartaban los numerosos cuerpos de infelices infectos que allí se congregaban.
Efrén tuvo que dar varias pasadas para asegurarse de que el trabajo quedaba bien hecho, aunque sabía que aún no había llegado al foco definitivo de infección y no debía demorarse.
Por el carrer ample llegó enseguida a la acogedora Glorieta, donde un pequeño tic le recordó cierta clase de gente que poblaba estos lares, aquellos que deambulaban por la Corredora, entrando y saliendo frenéticamente de los numerosos comercios conde a cambio de billetes despachaban cosas.
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Efrén soñaba a menudo. Pero no eran los suyos sueños… apacibles. Más bien todo lo contrario. Debido al profundo desorden psíquico que padecía, pronto su realidad fue destruida como referente y materia prima para la fabricación del subconsciente onírico. Sí, Efrén estaba muy loco, y sus sueños provenían del conjunto de sensaciones que experimentaba al matar, las cuales habían creado un extraño entramado sin ley ni orden, un mundo donde sólo había un personaje principal [11], acompañado por gran número de víctimas de diversa índole. La noche anterior al despertar de Efrén, su sueño había sido éste:
«Amanece un nuevo día. Me levanto. Estoy en una habitación blanca. Salgo de la habitación. Estoy en el salón. Muebles blancos, paredes blancas. No me gusta. Llaman a la puerta TOC, TOC. Abro la puerta blanca. Veo una urbanización de casas blancas y un lechero dice que es el lechero. Un tipo blanco con una botella de vidrio de leche blanca y los dientes muy blancos. Tengo que pagarle. “¿Pa… garle?” No. Tengo que “pegarle”. Patada en la barriga. Respira entrecortadamente. Vuelvo a ello. Puñetazo en la boca. Grita ¡Ayuda! No sale sangre. Eso me enfurece. He de coger la botella y estampársela en la cara. Ahora sí sale sangre. Pero no sólo del lechero. De todas partes. Las casas blancas se vuelven rojas. Las paredes se tiñen de oscuro. Se hace la noche. El lechero cae a mis pies. Está muriendo. Miro al cielo. La luna está muy grande. Pero… maldita sea. La puta está blanca. Aúllo profundamente, como un lobo. Oigo delirar al lechero. Mucha sangre. Debajo de él… junto a mis pies. Roja y espesa. Caliente… Me doy cuenta de que estoy desnudo. Me acuesto sobre el charco que ha dejado el lechero. Me embadurno. Vuelvo a mirar a la luna, y esta vez no la veo. Afino la vista. Sí que está, pero ahora es un agujero. Un agujero negro. Me atrae. Atrae todo lo que se ve. Las casas vuelan, los coches vuelan. Palmeras, bicicletas. No hay personas. Sólo distingo los restos del maltrecho lechero entre el barullo. No tengo miedo. Pero voy a morir. Siento frío. Ya estoy dentro y no he muerto. Estoy, estoy… estoy despierto.»
_________________________________________
[11] El Salvador.
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XXIV
Efrén había hecho tres cosas inesperadas (inesperadas para los que vigilaban) aquella bella y soleada mañana de mediados de septiembre:
- Levantarse antes de tiempo [10].
- Matar a los obreros de siempre, aunque también a los conductores de la ambulancia y a los tres mercenarios que aparecieron después tras las colinas.
- Fijarse en que el cartel que normalmente colgaba de la parte de atrás de las ambulancias ya no decía “infectados de gripe”, sino “trabajos del Ayuntamiento”.
Como consecuencia de tales cambios en la rutina, Efrén decidió actuar según su instinto. Y su instinto le decía que de allí de donde provenía la ambulancia había muchos más infectados. “Trabajos del Ayuntamiento”. Sí, Elche sería el comienzo de su nueva etapa: la salvación a gran escala. Se estremeció de placer sólo de pensarlo. Pero, ¿estaba bien disfrutar de la labor encomendada?
Un par de voces le gritaron que sí con tal fuerza que Efrén dio un pequeño respingo hacia atrás, topándose con la ambulancia. Al cabo de un instante Efrén se vio a sí mismo conduciendo el vehículo en dirección al centro de la ciudad. Casualmente todos los coches iban en dirección contraria a la suya. «¡Claro, la gripe!», pensó. No se entretuvo demasiado en arrojar a la cuneta a aquellos conductores, pues su labor se centraría en el foco de infección, un lugar llamado Ayuntamiento.
— ¡Señora, ¿por donde se va a este lugar? — señalando el cartel.
— Señor, usted debe estar enfermo… — contestó una amable y temblorosa viejecita que había observado la evoluciones en la circulación de Efrén.
— ¡¿Enfermo?! Usted es la que está enferm — BOUM.
Los sesos y otras partes no identificables de la viejecita rociaban con alegría el escaparate de una tienda de repuestos para motos. Era increíble, nadie parecía darse cuenta de su propia enfermedad. Dos fornidos mecánicos salieron con sendas llaves inglesas en dirección a la furgoneta. Efrén los vio venir y antes de proseguir con su frenético tour bajó a la calzada, propinándole un sonoro mordisco en la nariz a uno de ellos, mientras colocaba (LA BOCA DE MARÍA) el cañón de su escopeta en los testículos del otro. Y apretó el gatillo.
_________________________________________________
[10] Probablemente debido a una habituación fisiológica a las drogas que le suministraban a diario en las comidas que encontraba “por casualidad” tras sus incursiones.
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